CJCH

Incendios Forestales

Cuando la solidaridad se transforma en esperanza

El fuego avanza sin pedir permiso. Arrasa con casas, recuerdos y proyectos de vida. En pocos minutos, lo construido durante años puede desaparecer. Eso fue lo que vivieron cientos de familias en el sur de Chile, cuando los incendios forestales golpearon con fuerza a distintas localidades de la Región del Biobío, dejando tras de sí un paisaje marcado por la pérdida, la incertidumbre y el dolor.

Frente a esa realidad, la Comunidad Judía de Chile no permaneció indiferente. Como tantas otras veces a lo largo de su historia, volvió a responder con acción, compromiso y corazón.

Desde el primer momento, la CJCh activó una campaña solidaria con un objetivo claro: entregar ayuda concreta, útil y oportuna.

No se trataba solo de estar presentes simbólicamente, sino de llegar con herramientas reales para enfrentar la emergencia y comenzar el difícil camino de la reconstrucción.

Gracias al aporte generoso de muchas personas, se reunieron recursos que permitieron adquirir estanques de agua, carretillas, palas y colchones, elementos fundamentales para las familias afectadas: para limpiar, para levantar nuevamente sus espacios y para recuperar algo de normalidad en medio del caos.

Junto con acompañar a quienes habían perdido sus hogares, también quisimos estar cerca de quienes combatieron el fuego en primera línea. Por eso, entregamos agua, Gatorade y barras de cereal a los equipos de Bomberos, como un gesto sencillo pero profundamente significativo de gratitud hacia quienes, con valentía y entrega, arriesgan todo por proteger la vida y las comunidades.

Con ese mismo espíritu, equipos de la CJCh junto a la Comunidad Judía de Concepción, viajaron hasta las zonas de Chillán y Concepción, recorriendo sectores como Quillón, Penco, Lirquén y áreas rurales, coordinándose con autoridades locales, dirigentes sociales y vecinos. Allí, en contacto directo con las personas damnificadas, la ayuda tomó rostro, nombre y sentido.

Cada carretilla entregada, cada estanque instalado, cada pala en manos de una familia representaba mucho más que un objeto: era un mensaje silencioso pero poderoso que decía “no están solos”.

En medio de la devastación, esos gestos construyeron puentes de esperanza. Permitieron aliviar, aunque fuera en parte, la carga emocional y material que enfrentaban quienes lo habían perdido todo, recordándoles que no estaban enfrentando esta tragedia en soledad.

Una comunidad que responde unida.

Esta campaña fue posible gracias a una convicción profunda de que la solidaridad se construye en comunidad.

Detrás de cada entrega hubo personas que donaron, instituciones que difundieron, voluntarios que coordinaron, equipos que planificaron la logística y profesionales que pusieron su tiempo y experiencia al servicio de otros. Hubo generosidad, confianza y un compromiso compartido con el bienestar del país.

La respuesta de la CJCh se sumó así a un esfuerzo mayor, en el que múltiples actores de la sociedad civil, municipios y organizaciones trabajaron para enfrentar una de las emergencias más complejas del último año. En ese contexto, la comunidad judía reafirmó su vocación histórica de servicio, responsabilidad social y aporte al desarrollo de Chile.

Las emergencias pasan. Las heridas, no siempre.

Por eso, el valor de esta campaña no se mide solo en números o en implementos entregados. Se mide en la capacidad de acompañar, de escuchar y de estar presentes cuando el dolor todavía es reciente y el futuro parece incierto y nada de esto habría sido posible sin ustedes.

A todas las personas que donaron, a quienes difundieron la campaña, a las instituciones comunitarias que se sumaron, a los equipos que trabajaron incansablemente en la organización y entrega, y a cada uno que aportó desde su lugar: gracias.

Gracias por demostrar, una vez más, que cuando la comunidad se une, puede transformar la preocupación en acción y la empatía en ayuda concreta.

Gracias por creer que la solidaridad no es un gesto aislado, sino un compromiso permanente.

Y gracias por recordarnos que, incluso en los momentos más difíciles, siempre es posible encender una luz de esperanza.