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Un día para recordar

27 de enero: memoria, responsabilidad y compromiso

El 27 de enero se conmemora el Día Internacional de Conmemoración en Memoria de las Víctimas del Holocausto (Shoá), una fecha establecida por las Naciones Unidas para recordar uno de los capítulos más oscuros de la historia de la humanidad. Ese día, en 1945, el ejército soviético liberó el campo de exterminio de Auschwitz-Birkenau, símbolo del sistema industrial de aniquilación diseñado por el régimen nazi.

La Shoá no fue un accidente ni un desborde irracional de violencia. Fue un proyecto sistemático, planificado y ejecutado con precisión burocrática, cuyo objetivo fue la eliminación del pueblo judío de Europa. 

Seis millones de judíos fueron asesinados, entre ellos un millón y medio de niños. 

Junto a ellos, millones de otras víctimas: gitanos, personas con discapacidad, opositores políticos, homosexuales y otros grupos perseguidos por el nazismo. Sin embargo, es fundamental afirmar con claridad que la Shoá tuvo un carácter singular: fue un genocidio total, cuyo fin era borrar al pueblo judío de la faz de la Tierra.

Conmemorar esta fecha no es solo un ejercicio de memoria histórica. Es, sobre todo, un acto de responsabilidad moral

Recordar implica educar, transmitir y alertar. Implica preguntarnos cómo fue posible, qué señales fueron ignoradas, qué silencios permitieron que el odio se normalizara y se transformara en política de Estado. 

La Shoá nos interpela como sociedad y como humanidad.

Para el pueblo judío, la memoria no es un concepto abstracto: es un mandato. Zajor —recuerda— atraviesa nuestra historia y nuestra tradición. Recordamos a quienes fueron asesinados, pero también honramos a los sobrevivientes, a quienes reconstruyeron sus vidas, familias y comunidades desde las cenizas. Muchos de ellos llegaron a países como Chile, aportando con su historia, su resiliencia y su compromiso al desarrollo de nuestra comunidad y del país.

Hoy, a casi ocho décadas de la liberación de Auschwitz, la memoria enfrenta nuevos desafíos. El negacionismo, la distorsión histórica y el antisemitismo vuelven a manifestarse con fuerza en distintos espacios, muchas veces disfrazados de discursos políticos o ideológicos. Por eso, el 27 de enero es también un llamado urgente a no relativizar el pasado ni banalizar el odio. 

Cuando se cuestiona la Shoá, no solo se ataca al pueblo judío: se socavan los valores fundamentales de la democracia y los derechos humanos.

Conmemorar este día es reafirmar un compromiso colectivo: Nunca Más. Nunca más el silencio frente a la persecución. Nunca más la indiferencia ante el sufrimiento del otro. Nunca más el odio convertido en ideología.

La memoria no pertenece solo al pasado. Es una herramienta para construir el presente y proteger el futuro. 

Recordar la Shoá es una forma de resistencia, de educación y de esperanza. Porque mientras haya memoria, habrá también conciencia. Y mientras haya conciencia, habrá posibilidad de un mundo más justo y humano.