Actualidad, BEIT ISRAEL

La verdadera luz de jánuca

La luz que compartimos en “Kesher Kef”.

 

En un abrir y cerrar de ojos, llego diciembre, y a todos nos encuentra corriendo en la vorágine y locura de fin de año, pero el judaísmo es tan lindo como oportuno, porque nos ofrece la fiesta de Janucá y con ella, una nueva oportunidad para desacelerar nuestro paso durante al menos 8 días, para recordar nuestra tradición, a nuestros héroes Macabeos y revalorar nuestros Milagros.

 

Así lo hicimos en nuestro taller “Kesher Kef” y reflexionamos: cómo, frente a la adversidad, la fe y la esperanza pueden encender una llama que dura más de lo esperado.

 

Encendimos la janukiá, bailamos en círculo tomados de las manos, cantamos canciones tradicionales y agradeciendo ese momento de calma y compañía. Hubo juego con sevivones, monedas de chocolate que iban y volvían entre risas y complicidades, olvidando por un momento, los achaques y las preocupaciones de quienes participan frecuentemente con entusiasmo y expectativa. 

 

También compartimos anécdotas de los Janucá vividos en su infancia —algunos recordaban el olorcito rico de los latkes de papa, y otros con emoción, las palabras de sus padres. Ver los ojitos de los residentes brillar con el reflejo de la luz, conectando no sólo con el pasado, sino también con el presente y quienes los rodean, fue un hermoso milagro.

 

Ser psicóloga en la Residencia Israelita es un privilegio y un tremendo camino de aprendizaje para mí. El taller “Kesher Kef” nació de la convicción de que la conexión humana es el mayor antídoto contra la soledad, la sensación de aislamiento o de ser “invisibles”, que muchos sienten en esta era tan hiperconectada. 

 

Junto a mi partner Meli Knobel, poder ofrecer un espacio de “conexión entretenida”, es como abrir la puerta a un mundo de memorias, lleno de emociones, risas y a veces también nostalgias, que se acompañan en silencio y se contienen sin palabras. Aquí, el tiempo se detiene y cada encuentro se transforma en un acto de presencia amorosa, donde los residentes nos regalan su confianza, sus experiencias y nos permiten ser parte de sus historias.

 

Nuestro propósito es sencillo y profundo a la vez: generar vínculos significativos entre los residentes, fomentar la empatía y comunicación, fortalecer su bienestar, enfrentando juntos estos desafíos emocionales. 

 

Aquí, cada actividad está pensada para que todos puedan compartir, sentirse escuchados y reconocidos. No buscamos sólo jugar por jugar; sino que el juego sea un instrumento para que cada persona sienta que importa, que su presencia aporta al grupo y que su historia es valiosa.

 

He visto cómo, poco a poco, los residentes se animan a contar sus recuerdos, a reír de sus propias anécdotas y a consolarse mutuamente en momentos de nostalgia. El taller se ha convertido en un refugio de calidez, donde la compañía sincera es el regalo más preciado.

 

La luz de Janucá: Una metáfora del encuentro Janucá nos enseña que una pequeña llama puede desafiar la oscuridad, y que, al sumar una vela cada noche, la luz se multiplica. Así ocurre en Kesher Kef: cada participante es una chispa que ilumina al grupo, cada historia compartida es un destello de esperanza. Y juntos, recordamos no solo el milagro antiguo, sino el milagro cotidiano de encontrarnos, de cuidarnos y de permitirnos brillar pese a las enfermedades o adversidades.

 

Acompañar a los residentes en Beit Israel ha sido un recordatorio constante de que la verdadera conexión no depende de la tecnología, sino de la calidez humana.

 

Kesher Kef y la celebración de Janucá nos muestran que, la soledad puede combatirse con empatía, escucha y pequeños gestos de cariño.

 

Invito a toda la comunidad a ser parte de esta luz compartida: visitemos más a nuestros mayores, escuchemos sus historias y valoren su sabiduría. Que cada uno, desde su lugar, aporte su chispa y que juntos sigamos construyendo espacios donde nadie se sienta solo y donde la esperanza siga siendo nuestro milagro cotidiano.

 

Januca Sameaj para todos!!!!

Psicóloga Denise Sznaider