La migración venezolana en Chile se ha construido a partir de historias diversas, con motivaciones y trayectorias distintas. En el marco de la reciente contingencia en Venezuela, quisimos conversar con venezolanos de nuestra Comunidad para saber cómo están viviendo este momento y qué reflexiones se abren a partir de su propia experiencia.
Agradecemos a Clarita Chocron, R.A y Karen Milgram, quienes abrieron recuerdos y emociones, para contarnos sus historias. Llegaron a Chile en momentos y circunstancias diferentes, pero compartieron el desafío de adaptarse a un país nuevo, entender sus códigos y empezar a construir un día a día desde cero. Clarita, buscando una nueva oportunidad de vida para su familia; R.A por nuevos desafíos laborales; y Karen para continuar sus estudios universitarios.
Sus caminos no son iguales, pero ambos reflejan parte de la diversidad de trayectorias que existen en nuestra Comunidad.
Extendemos un cariñoso saludo a toda la comunidad venezolana en Chile y les deseamos un nuevo comienzo con hatzlajá.
Por Daphne Dionizis
Una decisión tomada en el camino
Esta es la historia de Clarita Chocron, quien vino junto a su familia a pasar unas vacaciones familiares que, sin planearlo, se transformaron en una decisión de largo plazo.
Clarita cuéntanos ¿cómo fue tomar esta decisión de quedarse en Chile?
Llegamos a Chile el 18 de julio de 2017, fuimos con maletas de invierno para pasar las vacaciones con mis padres y de verano para pasarlo con mis hermanos en Miami. Salimos de nuestra casa en Caracas dispuestos a pasar unas largas y ricas vacaciones, siempre sabiendo que volveríamos.
En realidad nosotros no nos despedimos de Venezuela, nos fuimos como cualquier familia que se va a vacacionar, rumbo a disfrutar y regresar cuando los niños empezaran las clases, a mediados de septiembre.
Cuando ya llevábamos un mes, mi padre nos dijo a Arie, mi esposo, y a mí, por qué no probábamos quedarnos en Chile un tiempo hasta diciembre. Los niños eran chicos y la situación en Venezuela no estaba nada bien. En realidad nuestro plan B era Miami, pero luego mi marido me dice: “mi vida la verdad no veo tan descabellado venirse a Chile y probar”.
Dejaste tu casa intacta tal cual salieron ese día de vacaciones, y solo lograste volver a Venezuela cuatro años después. ¿Cómo fue construir una vida desde cero, sin haber organizado ni planificado nada previamente?
Literal intacta, todo ordenado porque sabía que nos íbamos unas vacaciones largas. Recuerdo perfecto que dejé una polera encima de mi cama y dije “no, esta no me la llevo”, salimos besando la mezuzá sabiendo que regresaríamos.
Al comienzo vivimos en casa de mis padres durante siete meses. La verdad siempre con cariño y apoyo infinito de ellos. Ya después si arrendamos nuestro primer hogar, solo nuestra familia nuclear, dispuestos a seguir con estas largas vacaciones porque así las llamábamos, unas largas vacaciones. Hasta de a poco sentir que ya vivíamos aquí en Chile.
Mi esposo fue y volvió tres veces a Venezuela para buscar cositas nuestras de la casa. Las traía de a poco y no fue hasta después de cuatro años, que volvimos todos como familia. ¡Uf! cuando llegamos a Venezuela y pisamos el aeropuerto, me salían las lágrimas y cuando entré a mi casa ¡ni hablar! Reencontrarme con mis cosas, con la cuna de mi bebé, mis muebles, los cuartos, mi cocina, mis cuadros, la casita nuestra porque es un apartamento propio que construimos juntos con amor. Reencontrarme con todas mis cosas materiales que se convierten también en sentimentales fue impresionante, además que nos fuimos de casa sin despedida. En ese viaje fue espectacular volver al club de allá, a Hebraica con los niños ya más grandes, mi Jacky mi hijo mayor, era el que tenía más recuerdos. Abrazar a mis amigas, mis tíos, cuñada, suegra, mis primas que quedaban en Venezuela y reunirme con todos fue espectacular.
¿Cómo recuerdas tu vida cotidiana en Venezuela antes de tomar la decisión de irte?
Nuestra vida en Venezuela hermosa, Caracas con su montaña imponente, el Ávila que lo veíamos todos los días desde nuestro ventanal en casa y al salir a sus calles. Ese clima delicioso único, mágico, perfecto caribeño. La verdad nosotros teníamos nuestra rutina de trabajo y de llevar a los niños al colegio. En realidad teníamos el club Hebraica que realmente era un oasis, nuestra cúpula, todo lo hacíamos ahí, el colegio, las actividades extracurriculares de los niños, todos los deportes que te imaginas tanto para los niños como para nosotros. Incluso los fines de semana también ahí. La seguridad no era buena y obviamente en Hebraica la seguridad era impecable,¡nos sentíamos muy bien!
Una época en Venezuela donde habían las llamadas barricadas (trancaban las calles), se iba mucho la luz, el agua, había escasez de canasta básica. Recuerdo en ese momento que traíamos las cosas puerta a puerta desde el Costco de Miami , o acudíamos a los famosos Bachaqueros, que era el negocio de moda donde, para no hacer colas interminables, les comprábamos a ellos las cosas de canasta básica a precios más caros.
Gracias a Dios, nunca nos faltó nada.
El venezolano siempre se acostumbraba a todo, nos adaptábamos a lo que se vivía en el momento y podíamos siempre encontrar solución. Sabiendo que igual había gente que sí la estaba pasando mal, es el contraste de Venezuela.
El año 2010 secuestraron a tu marido. ¿Podrías contarnos lo que recuerdas de ese momento?
Así es, fue un secuestro aleatorio, en una época fuerte de secuestros en Venezuela.
Fue saliendo de su trabajo, nosotros teníamos una óptica en el centro de Caracas.
Un viernes en la tarde, yo ya prendiendo las velas de Shabat, estaba súper nerviosa y angustiada porque Arie no llegaba. Llamaba y no caía la llamada, obviamente pensé que estaba secuestrado, recuerdo llamando a mis padres y a sus padres preocupados. Gracias a D’s, horas después en la noche, lo dejaron en libertad y volvió. Fue un momento muy angustiante, muchos nervios, fue algo muy fuerte, pero dentro de todo, para la situación que se vivía, fue algo tranquilo comparándolo con otros secuestros. Unas horas que, para mí fueron interminables, pero llegó sanito, y solo lo pasearon por cajeros para sacar dinero.
Después del secuestro, y a pesar del miedo, continuaron viviendo varios años más en Venezuela. Se sabe que aún hay una gran Comunidad allá. ¿Por qué crees que pasa esto?
Hay mucha gente mayor en Venezuela que tiene a sus hijos y nietos fuera, y prefieren estar ahí y no volver a empezar desde cero y más a esas edades. Nuestros amigos que siguen ahí, jóvenes también, están bien como lo estábamos nosotros. Cada uno con su trabajo y viviendo con medidas de cuidados que hay que tener, y bueno siempre con la esperanza que todo mejorará en Venezuela. El venezolano es muy patriota, somos muy amantes de nuestra tierra.
Mirando hacia atrás, ¿cómo crees que esta experiencia de emigrar forzadamente te marcó como persona?
No fue emigrar forzadamente, o sea nadie nos botó literal del país; nosotros tomamos la decisión pero no por querer dejar nuestro país, sino por tratar de darle un mejor futuro a nuestros hijos y una vida más normal.
Por supuesto nos marcó como familia y a cada uno como persona. Nos hizo crecer muchísimo, hemos conocido gente espectacular, una Comunidad hermosa, el colegio Maimonides School nos recibió muy bien, y nos gustó mucho la sencillez con la que aquí en Chile se vive en general. Eso sí, ha sido duro, volver a empezar y con tres niños, hemos trabajado muy duro, pero siempre alegres y positivos.
La Comunidad aquí nos acogió de manera impresionante, recibimos mucho cariño, invitaciones para Shabat, los niños en el colegio con buena adaptación.
¿Cómo fue despertar con la noticia de la captura de Maduro?
¡Impresionante! Era Shabat, y como somos shomer shabat, mi marido bajó camino a la sinagoga que estamos enfrente y, el muchacho que pasea a los perros, que es venezolano le dice con señas a mi marido que a Maduro lo capturaron y que somos libres. El quedó en shock no entendía, luego al entrar a la sinagoga, el conserje venezolano con lágrimas en los ojos le comenta: “mi chamo, mi hermano somos libres”. Arie emocionado sube a casa y con lágrimas en los ojos me despierta llorando con la noticia, nos abrazamos, fue muy especial. Muchos años esperando este inicio de libertad real.
¿Qué significa para ti este momento que está viviendo Venezuela?
Esta vez ‘’¡pa lante!”. Como decimos nosotros, “pa´ trás ni pa coger impulso”. Se vienen cosas buenas con el favor de D’s. Pues después de tantos años sufriendo con este régimen dictatorial, es una ventana hacia la esperanza de recuperar la época de bonanza de mi Venezuela .
Recuperar nuestras cosas que dejamos, poder visitar a nuestra gente, volver a sentir la vibra positiva y buena onda del venezolano. Esperando que de a poco se reconstruya el país.
Después de siete años ya formaste tu nueva vida en Chile, incluso tu cuarta hija nació acá. ¿Estás pensando en volver a Venezuela y retomar la vida que no pudiste continuar allá?
Yo estoy demasiado agradecida con Chile, además de mi preciosa chilenita que tuvimos acá, han sido años maravillosos de mucho aprendizaje, años fuertes de volver a empezar, pero de mucho crecimiento para todos. Volver ahora no, pero sí ir viendo cómo se van desarrollando las cosas en mi país, viendo cómo podemos aportar, recuperar nuestras cosas, como dije, saber que ahora tendrán el valor que en un principio tuvieron. Y poder, por qué no, ir a vacacionar mucho con la familia, esas playas maravillosas, nuestro club Puerto Azul en la Guaira, que nuestros hijos sientan el país donde sus padres crecieron y ellos estuvieron sus primeros años de vida, visitar el colegio. Y bueno uno nunca descarta volver…. Pero falta tiempo, soy partidaria de que tenemos que vivir el día a día y D’s nos seguirá guiando como hasta ahora.
¿Cómo imaginas el futuro de la comunidad judía en una Venezuela que intenta renacer?
Algunos volverán, otros no. Mi esposo y yo vivimos una infancia única, crecimos en una Comunidad que en su momento éramos 25.000 judíos, colegios para todos los niveles, un club maravilloso donde compartíamos todos juntos. En una mesa de hebraica podíamos tomar café una rebetzin, alguien nada religiosa, alguien shomer Shabat ¡todos juntos! Una Comunidad demasiado unida. Quizás haya una nueva generación comunitaria donde vuelvan esos tiempos.
¿Te gustaría ser parte activa de ese proceso comunitario, aunque sea desde fuera?
Estando dentro o fuera de mi país, siempre estaré aportando a mi comunidad. En realidad, nunca me he desconectado de ella.
Un destino con plazo
R.A hizo Aliá y, tiempo después, llegó a Chile junto a su familia para comenzar una nueva etapa. No se trató de improvisar, sino de cumplir una etapa profesional fuera del país. R.A comparte cómo ha sido adaptarse, comenzar nuevamente una vida desde cero y su mirada política frente a lo que está sucediendo en Venezuela.
Decidiste hacer Aliá junto a tu familia por la situación que se vivía en Venezuela. ¿Cómo impactó la crisis venezolana en la comunidad judía que integrabas?
En el año 2006, hice Aliá junto con mi familia. Mi hermana mediana ya había hecho el día un año antes que nosotros y mi hermana mayor, ese mismo año en abril del 2006, decidió irse para España, por lo que mis padres habían decidido irse a Israel y yo decidí acompañarlos e irme también con ellos. Efectivamente en la época de Chávez la crisis era un poco diferente para esa época, muy diferente a lo que se vivió años después, como en 2014- 2017 que fueron los años más duros que vivió Venezuela con el ascenso de Maduro al poder.
Básicamente mucha escasez, cortes de agua, de luz, las infraestructuras no estaban funcionando, había mucha inseguridad, la gente tenía hambre y miedo. Ahí comenzó la ola migratoria más grande. Cuando yo me fui, todavía mucha gente nos veía un poco con cara de locos, y nos decían que no era necesario irnos ya que las cosas iban a mejorar y todo iba a cambiar.
La crisis venezolana en la Comunidad Judía fue muy grande. Alrededor de 40.000 personas la conformaban, quizás un poco más, y hoy en día hay alrededor de 5.000. Hay poca gente, hay generaciones en escuelas que no están abiertas por falta de alumnos.
¿Hubo un momento en que sentiste miedo por ser judío en Venezuela?
En general Venezuela nunca fue un país antisemita, hasta que Chávez comenzó a estrechar los lazos con Irán.
Nunca tuve miedo de ser judío en Venezuela, podíamos ser judíos con orgullo y vivir muy orgullosamente. Por ejemplo en la universidad sabían que yo era judío y nunca fue un problema, nunca sentí antisemitismo o rechazo hacia mi persona. Más adelante con Chávez comenzó un discurso de odio contra los judíos y tuvimos momentos en los que la Comunidad fue atacada, pero fueron dos o tres ocasiones muy puntuales. En general no veíamos en las calles nada en contra de Israel ni en de todos los judíos. Incluso personas no cercanas a mí, como cuando tomaba un Uber, me hacían sentir bien y ellos expresaban apego hacia el judaísmo.
¿Qué sueños construyes hoy en Chile que antes no te permitías?
Yo vine a Chile por un tiempo determinado. Yo al terminar mi misión, este o el próximo año, regresaré a Israel. Pero uno de mis grandes sueños cuando vine para Chile, era que mis hijos pudieran conocer un poco más de la cultura venezolana, de la comida, de la idiosincrasia, de la música, y la cultura latina también. Que aprendan español, que sepan lo que es vivir en comunidad, cosa que no hay en Israel.
Siempre tuve la esperanza y todavía la tengo, de que en algún momento aprovechando que estamos acá en Chile, poder llevar a mi familia a conocer Venezuela, visitar mi comunidad de nacimiento y puedan ver cómo fue la vida de papá.
Yo creo que ese es el mayor sueño que me permito construir acá en Chile y más ahora con la transición que se vive en Venezuela.
Ante el actual escenario de cambio, ¿qué lectura haces del momento político que se está viviendo?
Mi lectura un poco es ver que se están tomando las medidas necesarias. Yo creo que lo primero era realmente remover a Maduro del poder y crear una base para una transición democrática. Permitir que se respeten las elecciones de julio de 2024 o que se hagan nuevas elecciones en que todos los venezolanos, dentro y fuera de Venezuela, podamos votar y definir el futuro del país. Creo que la decisión de dejar a Rodríguez, fue una decisión sabia, para crear una transición que sea gradual.
Adicionalmente, Venezuela está muy ligada al núcleo del terrorismo del Medio oriente, a Hezbolá, Hamás y eventualmente a Irán. Esto es algo que es sabido, se habla dentro de Israel y se sabe las relaciones públicas que hay entre Irán y Venezuela. Y como han estrechado los lazos, eventualmente una posible salida del gobierno iraní o caída del régimen iraní, también va a permitir que Venezuela de algún otro modo, pueda también caer y se pueda restaurar la democracia.
Si Venezuela entrara mañana en una etapa real de reconstrucción, ¿qué sería lo primero que habría que sanar?
Mira yo creo que la infraestructura, la economía y eventualmente la sociedad. Venezuela no era una sociedad dividida, era una sociedad muy unida y hoy en día se ve que cualquier persona que habla un poquito en las noticias, que dice algo en pro o en contra del gobierno, genera mucho daño.
Hoy en día existe mucho odio hacia los chavistas, hacia cualquier persona que sea adepto al chavismo. Creo que es un reto muy grande tener una sociedad tan polarizada. Hb ay que sanar mucho la sociedad, volver a crear una sociedad fuerte, solidaria, unida y de apoyo. Eso es una de las cosas principales y primordiales por las que el Gobierno tiene que comenzar y bueno eventualmente, la economía venezolana y las infraestructuras, que están realmente dañadas por la falta de inversión y la falta de de recursos.
¿Qué significa para ti que este momento pueda transformar el regreso de tus seres queridos?
Sinceramente no creo que mis seres queridos vayan a regresar a Venezuela, ni yo personalmente tampoco. Israel es mi hogar y mi familia está allá, pero sí me gustaría visitar y poder acercarme a mi familia,poder ser parte de los eventos familiares, ese tipo de cosas, pero no creo que sea como tal un regreso.
La gran emigración venezolana hacia todas partes del mundo, ya pasó y ya es parte de nosotros.
O sea mis primos están en Estados Unidos, tengo familia y amigos en México y España. La verdad es que no creo que ninguno de ellos realmente vaya a volver después de 20 años a Venezuela.
En base a tu experiencia ¿Qué consejos le darías a los jóvenes de la Comunidad que piensan emigrar a otras partes del mundo?
Primero que valoren la comunidad y el sentido comunitario. El ser parte de la Comunidad, creo que es más importante que migrar. Si ya quieren emigrar, ojalá que sea a Israel, ya que es el mejor lugar para vivir. No es un lugar fácil, y lo digo con conocimiento de causa, pero es nuestro lugar. Es el lugar en donde más nuestra existencia se ve amenazada, pero es el lugar más seguro para nosotros.
Cuando partir fue una opción
Karen Milgram llegó a Chile a los 19 años, cuando la migración aún era una elección más que una urgencia. En ese momento, decidió venir para continuar sus estudios universitarios, sin imaginar que esa decisión terminaría marcando también el camino de su familia.
Karen ¿Qué parte de tu juventud crees que se quedó en Venezuela?
En Venezuela se quedaron los recuerdos de una infancia de felicidad en un país donde la gente era muy feliz y de una comunidad judía unida, extraordinaria, sin divisiones. Para mi gusto fue la mejor Comunidad Judía que he conocido.
Si te hubieras quedado, ¿imaginas que serías una persona distinta hoy?
Efectivamente creo que igual me hubiera ido. Si no me hubiera ido en ese minuto, hubiese sido después. No se puede vivir con esa represión, de hecho la mayoría de mis amigos y familiares que pudieron, se fueron.
¿Cómo fue tu llegada a Chile, emocionalmente y en lo cotidiano? ¿Te sentiste acogida por la comunidad judía y por la sociedad chilena?
Sí me sentí muy acogida por la Comunidad desde que llegué. Sin embargo, fue difícil mi llegada porque la sociedad y la idiosincracia chilena es muy diferente a la venezolana. Uno venía acostumbrado a saludarse en el ascensor, y llegué a un país donde la gente era un poco más apática, más triste y retraída. Venía de un país donde todo el mundo gritaba alegría.
¿Qué le dirías a un joven judío venezolano que hoy está pensando en emigrar?
Siempre les he dicho que hagan Aliá, que se vayan a vivir a Israel.
Formaste gran parte de tu vida en Chile. Hoy, ¿cómo es tu relación emocional con Venezuela? ¿Sientes culpa por haberte ido o tranquilidad por haberte protegido?
Yo creo que Chile me ha dado años maravillosos, un marido e hijos increíbles, y una familia preciosa. Así que, culpa, no siento.
¿Qué significa para ti este momento que está viviendo Venezuela?
Es un minuto de ilusión, de sentir que todo se empieza a componer. Creemos que el venezolano nunca pierde esa esperanza y cada vez vuelve a revivir. Quienes son responsables de la muerte de personas inocentes deben pagar. Eso es parte de lo que ha provocado este régimen opresor: la pérdida de vidas, especialmente de jóvenes, y la separación de familias que hoy se encuentran dispersas en distintos países del mundo.
¿Sientes que este escenario abre una puerta real para el reencuentro familiar?
Ese reencuentro familiar creo que sí se va a dar en muchos casos, sin embargo hay mucha gente ni siquiera puede viajar, porque no tiene papeles o el pasaporte al día. Creo que va a ser un proceso más largo de lo que uno espera, que se vuelvan a abrir las embajadas, poder regularizar los documentos y poder ir a visitar a sus familiares. En mi caso, yo sí los he visto, pero hay gente que no ha visto a su familia en años.
¿Cómo imaginas el futuro de la comunidad judía en una Venezuela que intenta renacer?
No lo veo tan sencillo. Es una Comunidad que se achicó muchísimo y el colegio ya no tiene tantos niños, por lo tanto la educación judía se ve cada vez más complicada. A su vez, no sé cuánta gente de la Comunidad Judía va a regresar. Siento que es un escenario muy complicado.
¿Te gustaría ser parte activa de ese proceso comunitario, aunque sea desde fuera?
Yo soy parte activa de la comunidad venezolana. Muchos de los ex alumnos del colegio nos seguimos juntando, continuamos donando para que esa comunidad siga existiendo, y me encantaría que vuelva a ser un poco de lo que fue, un paraíso.
El venezolano sabe ser feliz, sabe reinventarse y es profundamente resiliente. Si este momento abre realmente el camino hacia una regularización plena del proceso democrático, Venezuela tiene la capacidad de levantarse rápidamente, en un minuto como si nada.
La gente vuelve a creer, porque se sabe que el venezolano, en general, es una persona trabajadora, emprendedora y eso se ve en todo el éxodo venezolano en el mundo, todo lo que han aportado a las culturas latinoamericanas. A veces en las redes sociales solo se muestra lo malo, pero es tanto lo bueno que han aportado que nos van a extrañar.




