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Consejo Sionista de Chile

La Ética Sionista

 

Teodoro Herzl, primero reconocido como periodista, en una de sus visitas a París, conmovido por la tragedia desatada por el “caso Dreyfus”, descubre el antisemitismo reinante bajo el mismo cielo del que fuera el pueblo hacedor (un siglo antes), de la Revolución Francesa. Ya se habían producido también, los primeros pogroms contra la judeidad rusa y ucraniana. A partir de ese instante Herzl no se permitió más descanso; arremetió contra viento y marea, hasta que en 1897 se inaugura en Basilea el primer Congreso Sionista. 

Para ese entonces, Herzl ya era un motor que no paraba; su tremenda voluntad, y total dedicación a la causa que creía necesaria, justa e impostergable, orientó sus energías al servicio de un ideal nacional judío: el Sionismo.

Pagó con sus propios medios los innumerables viajes realizados, arriendos de salas donde fueron efectuados los congresos, los regalos y atenciones al Sultán, al Kaiser y a varios ministros visitados; los viajes de varios congresales que no disponían de los fondos para hacerlos, y hasta realizó los primeros aportes de ayuda a los colonos judíos radicados en la entonces Palestina. Recién en el 4to. Congreso Sionista se aprobó la creación del K.K.L. cimentando el origen de los fondos necesarios para su posterior aplicación en las tierras del suelo patrio.

Herzl murió a los 44 años, en su plenitud intelectual y humana, y no dejó fortuna a su familia, salvo el buen nombre y honor de haber sido el “profeta sionista” del siglo XX que en su momento afirmara: “Si lo queréis no será una leyenda”. (Y sucedió que “quisieron”, pues se produjo el milagro del establecimiento del Estado Judío: “Medinat Israel).

En otra etapa surgió la necesidad de crear otro gran Fondo Nacional, esta vez destinado a sostener los tremendos gastos que provisionaran la defensa y seguridad del naciente Estado de Israel y el movimiento de liberación de uno de los pueblos más antiguos de la tierra. Esta sintética introducción es mero pretexto para plantear la existencia de una nueva disciplina que podríamos llamar “Ética Sionista”. 

Teodoro Herzl, en carta a Georg Brandes fechada en Viena el 10 de diciembre de 1896, decía: “En modo alguno exijo que todos los judíos vayan a Palestina. Que vayan los que así lo desean y los que deben ir. Serán suficientes para crear el nuevo estado, que será tanto mejor que el antiguo cuanto una casa nueva es mejor que una vieja”.

Pues entonces, ya que hemos elegido, transitoriamente o no, la askanut en la Diáspora, démosle a ésta un carácter ético y moral para que nuestras conciencias vivan en paz, con dignidad y en equilibrio con los magníficos valores de los ideales del Sionismo Político, tan bien representados por ese gran hombre que fuera Teodoro Herzl.

Mucho se ha escrito y se ha hablado sobre los grandes valores de la “Etica Judía”. Desde  Abraham y la histórica decisión de su negativa a convivir con el paganismo reinante, y Moisés y su no menos histórico decálogo cuyas normas y reglamentaciones se han convertido en la base fundamental de la convivencia civilizada de casi toda la humanidad, son innumerables los aportes enriquecedores a los valores crecientes del judaísmo.

Los profetas y enciclopedistas judíos dejaron su legado para las generaciones venideras carradas de pensamientos y actitudes éticas y morales. Los filósofos y pensadores, los artistas y escritores judíos han aportado profundas y creativas elaboraciones e investigaciones. Mas se desconoce el desarrollo de las concepciones que se refieren a los renacidos valores de la Ética Sionista.

Debemos comprender, por supuesto, que el Sionismo Político recién ha surgido a fines del siglo XIX y quizá no se hayan dado las condiciones necesarias para la concientización de la necesidad de realizar un gran debate que incluya a las bases y a los dirigentes sionistas.

La ética judía es un sistema normativo que guía la conducta humana hacia la justicia, la bondad y la santidad, basado en la Torá y los principios morales que rigen la vida cotidiana.

La Torá, base fundamental del judaísmo, contiene un conjunto de mandamientos que establecen normas morales y éticas para la vida diaria. Estos mandamientos que se deben realizar, como la oración, el estudio de la Torá y la caridad; y acciones que se deben evitar como el robo, el asesinato y el adulterio.

La ética judía no solo se basa en la observancia de la ley, sino que también busca cultivar una actitud ética en los individuos. La idea de tikún olam, por ejemplo, mueve a los judíos a trabajar por un mundo más justo y compasivo. Tal como Maimónides afirmaba, los principios morales  deben ser otorgados para el beneficio de toda la humanidad, y su práctica no era opcional.