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La decisión de la familia Rassat

En abril de 2025, el Archivo Judío de Chile recibió un correo que comenzaba así:

Mi nombre es Alain Rassat. Tengo 70 años. Soy francés y vivo en Francia. En 1943, durante la guerra, mis antepasados, arriesgando sus propias vidas, acogieron, protegieron y escondieron a un niño judío alemán…”

No lo leímos este correo como un mensaje más. 

Nos detuvimos a leerlo con atención y respeto, conscientes de que detrás de esas palabras había una historia marcada por el coraje. Respondimos a Alain Rassat para escucharlo, para acompañarlo en el acto de recordar y para reconstruir, paso a paso, una historia que había permanecido en silencio durante décadas.

Iniciamos un trabajo paciente y comprometido de búsqueda, verificación y contextualización, cruzando datos, con el propósito de honrar a quienes, en uno de los momentos más oscuros de la historia, tomaron una decisión:  proteger la vida de un niño judío.

Para el Archivo Judío de Chile, preservar estas historias no es solo una tarea académica: es un acto de justicia, de gratitud, de memoria y de transmisión, para que gestos de humanidad como este no se pierdan en el olvido y sigan iluminando el presente.

¿Desde qué lugar interior, profundo y a veces invisible, se gestan nuestras acciones? En este punto nos detenemos: en el momento en que surge una decisión, un cambio de atención. En medio de los años más oscuros de la historia europea, cuando la Segunda Guerra Mundial arrasaba con familias, pueblos y esperanzas, un niño judío alemán encontró refugio en un rincón de las montañas de Saint-Offenge región de Saboya en Francia. Su nombre era Kurt Alstädter. Había sido separado de sus padres, quienes más tarde serían asesinados en Auschwitz,  y enviado al exilio con nada más que una mochila, unos cuadernos y una voluntad firme de sobrevivir.

Fue entonces cuando la familia de Alain Rassat, ciudadanos franceses, abrieron su hogar y su corazón para protegerlo. En 1943, en plena ocupación nazi, arriesgaron sus vidas para esconder a este niño perseguido, alimentarlo, y permitirle continuar, aunque fuera por un tiempo breve, con su infancia interrumpida. Alain, que hoy tiene 70 años, conserva una fotografía de aquellos días. También guarda recuerdos vivos de Kurt: su gusto por los panes franceses, la dificultad que tenía con el lapicero que le obligaban a usar, y su afición por las matemáticas, que lo llevó a aferrarse a su cuaderno escolar como a un tesoro.

Décadas después, ese niño logró reconstruir su vida en Chile. Kurt llegó solo, sin hermanos ni padres, y fue acogido por unos tíos que se dedicaban al campo. Pero él quería algo más. Estudió matemáticas en el ORT, una institución creada para dar oportunidades a jóvenes refugiados. De inmediato destacó y poco después consiguió trabajo en la fábrica Hochschild donde se formó en el rubro del fierro. Con el tiempo, abrió su propia barraca en Valparaíso, en la avenida Errázuriz.

Kurt se casó con Edith, una sobreviviente del campo de concentración de Bergen-Belsen, junto a su madre y su hermano Fred. Juntos Tuvieron tres hijos: Marcelo, Doris y Karin. Edith y Kurt, a pesar del dolor y las pérdidas, construyeron una familia sólida, y orgullosa de sus raíces. Educaron a sus hijos en colegios hebreos y supieron darles amor.

Gracias a Bnai Brith, pudimos ubicar a su hija Karin, la única de los hijos que aún vive en Chile. Rápidamente tomamos contacto con ella para entregarle el inesperado mensaje: Alain Rassat desea compartir con ella y su familia la memoria de aquellos días en Francia, el vínculo que los unió por el coraje y la humanidad. La fotografía, los recuerdos, las palabras no dichas durante tantos años resurgen ahora como parte de una historia compartida que trasciende fronteras y generaciones.

Porque el Archivo Judío considera como su principal tarea recoger y preservar esas lecciones de valentía, solidaridad y esperanza. 

La historia de Kurt y la familia Rassat es testimonio de que incluso en los tiempos más crueles, la bondad de una decisión puede florecer. Y de que toda vida, incluso tras el horror, puede volver a reconstruirse con fuerza, dignidad y espíritu de superación.

Queremos expresar nuestro más sincero agradecimiento a la familia de Kurt por permitirnos compartir un fragmento tan íntimo de su vida. 

Alain Rassat nos escribió: 

“ Quiero agradecerle por permitirme contactar a los descendientes de Kurt. Fue un maravilloso intercambio de información, fotos y emoción… Muchas gracias por su papel en este enlace que hiciste posible 82 años después de los acontecimientos, en memoria y honor de Kurt, su familia y mis antepasados. Siento que he cumplido con mi deber”.

 

Fotografía gentileza de Alain Rassat, tomada en el verano de 1943. Kurt es el joven de la segunda fila desde la derecha. Tenía 13 años en ese momento. Le acompañan Joseph y Marie Gruffaz, sus protectores. 

 

Jrr / enero 18 2026 / revista Shalom Febrero