Iom Haatzmaut 2025: Una fiesta de unidad, identidad y esperanza
Como ya es tradición, celebramos juntos un nuevo aniversario de la independencia de Israel, y lo hicimos como lo que somos: una comunidad diversa, vibrante, comprometida y profundamente conectada con nuestra tierra ancestral. Más de 3.800 personas participaron en una jornada llena de alegría, música, colores y tradiciones que reflejan la riqueza de la vida del pueblo judío en Chile.
El evento contó con la participación activa de todas las instituciones comunitarias, a las que agradecemos enormemente su tremenda participación y compromiso con la actividad. Tnuot, colegios, organizaciones culturales, religiosas y sociales que día a día sostienen el quehacer comunitario fueron parte de esa energía potente que permitió que en cada rincón se respirara compromiso y amor por Israel.
El shuk fue uno de los grandes protagonistas del día: más de cincuenta stands ofrecieron productos, comidas típicas, juegos y sorpresas para grandes y chicos. Familias enteras recorrieron los pasillos entre aromas de bollos y burekas, risas infantiles y conversaciones emocionadas. La programación incluyó actividades recreativas, espectáculos musicales, rikudim, arkadá y espacios de encuentro intergeneracional.
La diversidad de nuestra comunidad le dio la sazón necesaria a la celebración. Todos unidos bajo un mismo sentimiento de pertenencia.
Como bien expresó Alfredo Misraji, presidente de la Comunidad Judía de Chile:
“Israel es un milagro. El milagro del renacimiento del pueblo judío en nuestra tierra ancestral, y nos sentimos orgullosos por lo que este pequeño gran país ha entregado al mundo. Desde Chile, sentimos ese latido y esa conexión. Porque aunque nos separen miles de kilómetros, nos une una misma historia, una misma esperanza, una misma responsabilidad. Israel no es un país ajeno: es parte de quienes somos.”
Misraji también destacó que:
“Al igual que en Israel, la diversidad de nuestra comunidad demuestra día a día que la unidad no necesariamente significa uniformidad. Al contrario: es en la diferencia donde está nuestra riqueza. Y es precisamente esa diversidad la que nos hace más fuertes, más creativos, más humanos. Cada uno desde su lugar aporta a este hermoso tejido que es la vida judía en Chile.”
Este año, más que nunca, entendimos que vivir en comunidad también significa contenernos mutuamente, darnos fuerza en los momentos difíciles y encontrar en el otro un refugio de esperanza. Frente al dolor que nos atraviesa —la guerra en Israel, el sufrimiento de los secuestrados, el aumento del antisemitismo— necesitamos espacios que nos reúnan, nos abracen y nos recuerden que no estamos solos. Que somos parte de algo más grande. Y que esa red de apoyo, tejida con identidad y solidaridad, es una fuente de resiliencia colectiva.
En tiempos desafiantes como los que hoy enfrentamos, este Iom Haatzmaut fue más que una celebración: fue un acto de afirmación y compromiso.
Un espacio donde reafirmamos nuestra identidad, nuestra conexión con Israel y nuestro compromiso con los valores que nos unen como pueblo.
Como comunidad, recordamos que incluso en medio del dolor y la incertidumbre, hay lugar para la esperanza, la alegría y la construcción colectiva. O como dijo Golda Meir, con la fuerza que la caracterizaba:
“El pesimismo es un lujo que los judíos no podemos permitirnos.”
Am Israel Jai.