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Dos años de liderazgo: Fortaleciendo la Comunidad Judía de Chile en tiempos de desafío

En un período marcado por desafíos históricos y momentos de gran adversidad, la presidenta de la Comunidad Judía de Chile reflexiona sobre sus dos años al frente de esta institución. Con emociones encontradas, comparte lo más gratificante de su gestión, los logros alcanzados, y las lecciones aprendidas en su incansable labor por fortalecer la cohesión comunitaria y enfrentar las dificultades con resiliencia. A continuación, un vistazo íntimo a su experiencia y legado.

 

¿Qué ha sido lo más gratificante para ti en estos años al servicio de la comunidad?

Son muchos los momentos gratificantes, pero en general todas esas veces que recibimos el cariño y respeto de personas e instituciones judías y no judías, con palabras de apoyo, comprensión y solidaridad. Cuando lograbamos transmitir lo que somos, nuestras tradiciones, nuestra esencia, eso es muy gratificante, sentir que el trabajo que uno hace permea en otras personas y sirve a nuestra comunidad.

 

¿Cómo te sientes al dejar el cargo después de estos dos años de trabajo?

Sentimientos encontrados. Voy a extrañar enormemente a todos los que trabajaron codo a codo conmigo en este período. Logramos armar un equipo espectacular y hubo mucha gente que nos apoyó. También voy a extrañar esa sensación de estar haciendo algo significativo, que aporta (o por lo menos intenté que fuera así) a toda la comunidad, a Am Israel y a Chile. Voy a echar de menos la cotidianidad con mucha gente con la que interactué durante este tiempo y formé reales amistades, como con políticos, periodistas, personas de otras religiones, gente de la comunidad y judíos de todas partes del mundo. Con todos ellos, espero mantener el contacto. Además voy a seguir cooperando siempre con la comunidad desde donde pueda ser útil. Por otro lado, estoy al debe con mi familia, así que aprovecharé a disfrutarlos al máximo en el tiempo que viene y eso me emociona.

 

¿Cuáles consideras que han sido los logros más significativos de tu gestión como presidenta de la Comunidad Judía de Chile durante estos dos años?

Logramos generar lazos significativos con líderes de nuestro país que perdurarán en el tiempo. 

 

Pudimos llegar a sus cabezas y corazones para que escucharan y conocieran a nuestra comunidad, tradiciones e historia.

 

El trabajo realizado en el ámbito de comunicaciones ha sido notable, conteniendo una desafiante ola de antisemitismo. También profesionalizamos el trabajo de la CJCh en distintos ámbitos, de una manera considerable, que estoy segura se mantendrá y se aprovechará para el período que viene. Hemos logrado una relación e información fluida entre las distintas instituciones con reuniones regulares de presidentes y directores ejecutivos, obteniendo importantes sinergias. Un punto importante es el trabajo con juventud, donde formamos la “Mesa de Juventud” que por primera vez reúne a todas las organizaciones de jóvenes que existen en nuestra comunidad para que cooperen mutuamente y aúnen esfuerzos. También en este ámbito echamos a andar con voluntarios y donantes de la comunidad el proyecto Manhigut, que es una academia para que nuestros jóvenes fortalezcan sus habilidades y conocimientos. Siguiendo con la juventud, se logró concretar el proyecto Tnuá  Betujá, armando protocolos uniformes para las distintas tnuot. Otra cosa que iniciamos con la participación de diversas personas de nuestra comunidad, fue la realización de un análisis sobre cómo queremos vernos en los próximos 10, 20, 30 años y dónde deberían estar centrados los esfuerzos. Hemos realizado un trabajo constante con las comunidades de regiones con la idea de fortalecerlas y ese trabajo continuará con el Directorio entrante, donde se mantiene Romina Drexler como brillante vicepresidenta de asuntos internos. El trabajo interreligioso ha sido también un punto muy importante. En fin, se trabajó en varios ámbitos, algunas cosas se terminaron y otras siguen en camino.

 

La masacre del 7 de octubre en Israel marcó un momento trágico para el pueblo judío. ¿Cómo enfrentó la comunidad esta crisis y qué rol jugó tu liderazgo durante esos días tan difíciles?

Fue un momento muy difícil para todos, pero en la CJCh entendimos inmediatamente que teníamos una misión y no podíamos flaquear. Con firmeza fijamos prioridades y nos pusimos a trabajar dividiendo las funciones. No dormimos en varios días pero, pudimos navegar la tempestad. En lo personal, incluso teniendo a mi hijo en Israel en ese momento, nunca dudé de lo que había que hacer y que no tenía derecho a ser débil. Lo primero por supuesto era la seguridad y estar preparados para cualquier emergencia, afortunadamente tenemos maravillosos voluntarios en este aspecto que se pusieron a disposición sin chistar. En paralelo teníamos que traer a un grupo grande de jóvenes y adultos que estaban en Israel, pues no se sabía aún la envergadura y camino que tomaría la guerra. Armamos un grupo de trabajo con el Ministerio de Relaciones Exteriores, la FACH, donantes y voluntarios, todo lo cual nos permitió traerlos de vuelta. Queríamos y necesitábamos manifestarnos, por lo que organizamos con rapidez actos como el del 9 de octubre y velatones frente a CEPAL, fuimos a varios ministerios a pedir ayuda por los secuestrados y expresar nuestro dolor y preocupación. Al mismo tiempo, nos dedicamos especialmente a las comunicaciones, teníamos que estar en todos los medios que pudiéramos y trabajamos arduamente en eso para evitar las falsas narrativas y dar la nuestra. Con el pasar de los meses, nos acostumbramos lamentablemente a vivir en crisis, todos los días pasaba algo o salía alguna publicación indeseable. Sin embargo, nunca bajamos los brazos y tratamos de abarcar todos los problemas que surgían.

 

Durante este periodo, el gobierno chileno ha adoptado posturas consideradas hostiles hacia Israel y la comunidad judía. ¿Cómo manejaste esta situación desde tu cargo?

 

Reconozco que al principio no pensé que sería así de difícil la relación con el Presidente. Pensé que podría reunirme con él, conocernos y hablarle de esta hermosa comunidad de lo que somos, pero no fue así, nunca nos abrió las puertas.

 

Entonces, nos dedicamos a trabajar con quienes nos tendieron una mano en el gobierno y tuvimos una muy buena relación con ellos, muy fluida. En algún momento fue necesario ser más frontal con el Presidente porque se rebasaron límites inaceptables. No es agradable enfrentarse con la primera autoridad del país, pero era necesario y lo hice.

 

¿Qué acciones se tomaron para combatir el antisemitismo en Chile durante tu liderazgo?

Muchas. Trabajamos en redes, en medios de comunicación, con las municipalidades, educando e informando donde podíamos. Realizamos campañas, ejercimos acciones judiciales. Tuvimos innumerables reuniones con autoridades y líderes de opinión sobre el tema. En las universidades se hizo también un gran trabajo.

 

¿Qué rol jugaron los jóvenes y las instituciones comunitarias en mantener la cohesión y la resiliencia frente a estas dificultades?

Como señalaba antes, se trabajó mucho con los jóvenes y con todas las instituciones, de manera metódica, sistemática y permanente. Se lograron sinergias importantes y ante la adversidad, todas las instituciones tuvieron una disposición maravillosa a trabajar juntos, poniendo a disposición de la comunidad en general las capacidades de cada una. Fue muy lindo en ese aspecto. No hubo nadie que no entendiera que estábamos ante un momento histórico en el que teníamos que estar juntos.

 

¿Cómo percibes que la sociedad chilena ve a la Comunidad Judía, y qué esfuerzos realizaste para mejorar esa percepción?

En su gran mayoría nos ven como gente trabajadora, inteligente y que aporta al país, les atraen nuestras especiales tradiciones y tienen interés en conocer más. Cada vez que estuve en un programa de televisión hablando de tradiciones judías, a los programas les fue regio. A la gente le gusta saber de judaísmo, es un país que proviene de una tradición judeo cristiana. Por otro lado, también nos perciben como muy cerrados y existen mitos en sectores de la población que son parte de los prejuicios históricos en contra de los judíos. Ahora, creo que aún hay mucho desconocimiento, que mucha gente no tiene percepción alguna y que incluso cree que es un pueblo antiguo que ya no existe.

 

Pusimos mucho esfuerzo en darnos a conocer, romper mitos y hablar de quienes somos. Evidentemente la guerra se ha robado casi toda la atención, pero con el equipo de comunicaciones tratamos de hablar lo más posible de judaísmo en todos los medios, aprovechamos cada espacio que nos dieron o que logramos conseguir, publicamos columnas, entrevistas, fuimos a programas de televisión, y tratamos de tener permanentemente contenido judaico en nuestras redes. 

 

¿Qué iniciativas consideras claves para mantener el diálogo interreligioso en Chile?

A través de la ONAR (Oficina Nacional de Asuntos Religiosos) y la ADIR se ha trabajado muy bien y es imperioso seguir con ello, especialmente en temas sociales. También la relación con el mundo evangélico ha sido muy estrecha y ellos nos han dado gran apoyo y cariño en estos tiempos difíciles, por lo que es importante continuar con los lazos que se han formado. El trabajo interreligioso en tiempos en que la fe parece haber “pasado de moda” es fundamental, tenemos que apoyarnos entre todos para que se respeten las diversas creencias y el ejercicio de estas.

 

¿Qué reflexión tienes sobre el rol de la Comunidad Judía en el tejido social chileno?

 

Tenemos la obligación como chilenos de aportar a este país, con nuestros maravillosos profesionales, con la tzedaká y el tikún olam que son base para el judaísmo.

 

También aportar en la paz social, evitando las confrontaciones con otras comunidades como la palestina, que ha intentado incansablemente provocarnos pero no lo han logrado. En lo que a la interacción entre el mundo judío y no judío, debemos ser proactivos en la integración y conocimiento mutuo y apoyar también a otras minorías.

 

¿Qué enseñanzas deja tu gestión sobre la importancia de la unidad comunitaria en tiempos de adversidad? Y ¿Qué mensaje te gustaría dejar a la comunidad al cerrar este capítulo de tu vida?

La enseñanza viene de lo que hemos vivido todos desde el 7 de octubre de 2023 más que de mi gestión. Y es que sólo juntos y unidos podemos sobrevivir como pueblo, todos hemos sabido siempre que el judaísmo se vive en comunidad pero con los últimos acontecimientos ha quedado clarísimo que no se trata de vivir sino de sobrevivir. Lo mismo aplica a nivel comunitario en Chile, si queremos seguir siendo comunidad en este país, tenemos que trabajar juntos con claridad de los grandes desafíos sin perdernos en pequeñeces.

 

A la comunidad le agradezco infinitamente haber confiado en mí, haberme otorgado este gran privilegio de presidir una comunidad maravillosa, llena de gente valiosísima, con instituciones sólidas y personas comprometidas. Tenemos un espectacular futuro por delante que sólo será posible si permanecemos unidos, con convicciones claras y manteniendo nuestra identidad.

 

Tras liderar en uno de los momentos más desafiantes para la Comunidad Judía de Chile, ¿Qué has aprendido de esta experiencia como líder comunitaria?

Que el valor del pueblo judío es inquebrantable, que somos mucho más que nuestras individualidades, realmente somos un solo corazón, que sentimos lo que siente el otro, que sufrimos por lo que sufre el otro, que somos herederos de una historia increíble que se nutre tristemente de momentos trágicos pues cada vez que empezamos alejarnos de nuestra esencia o entre nosotros, de arriba nos llega un gran golpe que nos remece para recordarnos quienes somos. Como dije en el aniversario del 7 de octubre, somos como un mono porfiado que mientras más fuerte nos pegan, más fuerte nos paramos de vuelta. Estoy muy orgullosa de ser judía y por más difícil que haya parecido a veces, fue un camino maravilloso. Aprendí entonces, que somos más fuertes de lo que creemos y que como dijo Golda Meir, no sabes lo fuerte que eres hasta que no te queda más opción que serlo. 

 

¿Qué consejo le darías a quien asuma tu lugar como presidente de la Comunidad Judía de Chile?

Que habrán momentos muy difíciles y desafiantes y ese es el instante en que hay que recordar que vale la pena, porque la satisfacción de estar trabajando por nuestro pueblo no tiene precio.

 

Somos sólo un eslabón de esta milenaria cadena y si los de atrás lo lograron, no cabe duda que nosotros también lo haremos.

 

Los consejos del día a día se dan en privado eso sí.