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Tomás Guendelman: De “loco de la computación” a mentor

Septiembre 7, 2015 7:54 pm Categoría: Nacional

Ex presidente del Instituto de Ingenieros de Chile y del Vaad Hajinuj recibió el Premio Nacional 2015 del Colegio de Ingenieros en la categoría Persona.

Su empresa, IEC, fue la encargada de revisar el proyecto del futuro edificio de la Nueva B´nei Israel.

Por Gabriela Arditi Karlik

Su empresa IEC ha participado en la ingeniería estructural de más de 9.000 proyectos habitacionales, industriales y de servicios públicos.

Su empresa IEC ha participado en la ingeniería estructural de más de 9.000 proyectos habitacionales, industriales y de servicios públicos.

No fue un sábado cualquiera. Su profesora, Inés Campos, de la Escuela Olea de Avenida Matta con Serrano, estampó en la libreta de Tomás, de ocho años, un timbre indicando mala conducta. Esmirriado y profundamente tímido, no tuvo coraje para mostrarle aquel sello a su padre, así que falsificó su firma y entregó el librillo al lunes siguiente. Este pseudo-delito se repitió durante varias semanas sin ser descubierto, hasta que…

Un lunes la señorita Campos sí revisó las rúbricas de los apoderados. Pese a que notó rápidamente los ilícitos de Guendelman, no hizo comentarios. Al finalizar la jornada le propuso a su pupilo acompañarlo hasta la tienda de su padre para conocerlo. Como resultado de la conversación entre los adultos surgió un acuerdo: el apocado y debilucho niño pasaría el fin de semana en la quinta de la docente. ¿Haciendo qué? Bueno: una de las actividades relevantes fue cosechar zapallos italianos, hortalizas que el alumno de 3° básico degustó con encanto, aun cuando estaban en el último lugar de sus preferencias alimentarias.

“Yo temblaba frente a ella y esta convivencia me produjo un grado de aproximación; un estar de igual a igual que me permitió dejar de sentir miedo. Fue un salto importante en mi personalidad. Esos eran los profesores con mayúsculas”, recuerda nuestro protagonista.

El mayor de cuatro hermanos, mimado por sus padres y “pichanguero”, luego de un breve paso por el Liceo Barros Borgoño ingresó al Instituto Nacional y posteriormente a la Escuela de Ingeniería de la Universidad de Chile, de la que egresó como ingeniero civil en 1962. Con el tiempo, en esta misma Escuela sería profesor de su hermano Mario, así como de sus hijos Enrique y Ricardo.

Ya casado con Perla Katanella y trabajando en el Ministerio de Obras Públicas, la pareja perdió a su primer hijo, Abraham. “Vivió cinco minutos. Siempre me sentí en deuda con él porque nunca le pude dar nada. Habíamos proyectado nuestra existencia en función de este niño. Nos quedamos en el aire. En aquella época Patricio Meller había postulado para estudiar en Berkeley y me motivó a seguirlo. Eso cambió mi carrera”, dice Tomás Guendelman.

¿Me busca?

Tengo entendido que se decidió por la carrera de ingeniería civil estructural a raíz del terremoto del ´60 en Valdivia.

– Yo estaba en cuarto año de ingeniería cuando se produjo la epopeya del Riñihue. Su desembocadura se tapó y empezó a subir el lago, poniendo en riesgo a todo Valdivia. Dada la emergencia, se llamó a colaborar a alumnos de todas las universidades, desde mi curso en adelante. Si bien me inscribí, no fui seleccionado porque privilegiaron a los de mayor experiencia. Ahí me tiré en picada a la ingeniería estructural que es una de las áreas de la civil.

Su empresa, IEC, se había constituido pocos meses antes de la caída del puente Huasco, en 1967. Debido a la complejidad del problema, ustedes fueron contactados por tener conocimientos más modernos, así como manejo de la computación. El informe que entregó IEC logró exculpar al calculista del puente y cambió el rumbo de su carrera profesional…

-Para mí aquel episodio no había sido más que una noticia en el diario, hasta que Santiago Arias llegó a la Escuela de Ingeniería de la Chile, donde yo trabajaba, y gritando preguntó “¿dónde está el loco que sabe computación?”. Como escuché su vozarrón desde lejos, le respondí “¿es a mí a quien busca?”. Yo era el único que sabía computación por haber estudiado en el extranjero. Hice un estudio y entregué un informe en un programa computacional muy avanzado, incluso aplicable en la actualidad. Desde entonces Santiago Arias me encomendó todos sus trabajos. Y la consolidación de IEC vino con las Torres San Borja. Nosotros hicimos la revisión de cálculo de 21 de las 22. Ese fue el gran despegue.

IEC Ingeniería, Estructuras, Consultoría, ha participado en el análisis y revisión estructural y sísmica de más de 9.000 proyectos habitacionales, industriales y de servicios públicos, a lo largo de Chile, y en trabajos internacionales en Argentina, Bolivia, Ecuador y Venezuela. Entre las obras destacadas están Celulosa Arauco Valdivia, los centros comerciales Alto Las Condes y Apumanque, el Congreso Nacional en Valparaíso, las torres Titanium y Costanera. También ha revisado obras como el Puerto de Mejillones, el Estadio La Serena y el Aeropuerto de Santiago.

Rendido ante las evidencias

Al ser Chile un país sísmico, ¿han variado mucho las normas de construcción?

– El gran salto se produjo con la norma de 1972, que ya tomó en consideración la resolución de problemas que antes no se podía lograr porque todo se hacía a mano. El segundo cambio importante se produjo después del terremoto del ´85. Las lecciones que sacas de un terremoto sirven para ampliar un poco el conocimiento sísmico, pero esto toma años. En 2010 se produjo otro cambio significativo en la normativa, porque el sismo del 27 de febrero de ese año tuvo características no registradas en eventos anteriores.

Lo han catalogado como “el padre de la ingeniería estructural moderna en Chile”…

– Soy el hijo de grandes ingenieros estructurales. Uno siempre se mide desde una perspectiva interna y para poder mirarse como uno realmente es debe hacerlo desde lejos. Tengo 1.500 ex alumnos y he dirigido 150 memorias de título. Uno se tiene que rendir ante las evidencias. No puedo negar que he creado una suerte de escuela.

Usted ha recibido varios reconocimientos, entre ellos la Medalla de Oro del Instituto de Ingenieros y ahora el Premio Nacional 2015 del Colegio de Ingenieros, en la categoría Persona. ¿Se cree el cuento?

– No, pero vuelvo al mismo concepto cuando me dicen lo que me dicen. Como dije durante el discurso de agradecimiento por el premio, “me gustaría que me aclararan a quién le están hablando”, porque yo no me veo así.

No puedo negar que he creado una suerte de escuela”.

Su oficina ha hecho el análisis estructural y sísmico de edificios en altura que representan 90 millones de metros cuadrados construidos. ¿Ha pensado jubilar?

– En 2010 cumplí 70 años y me pareció oportuno retirarme, y retomar el piano que dejé a los 16 años cuando empecé a preparar el Bachillerato. Pero justo se produjo el terremoto y eso me dejó casado de nuevo.

Igualmente, ¿retomó el piano?

– En una entrevista Roberto Bravo dijo algo así como “frente a momentos de angustia, me siento en el piano”, y que iniciaba su día escuchando a Bach durante una hora. Curiosamente, uno de mis referentes es justamente Bach. Ante los retrasos de mi señora, he tomado como terapia tocar piano. ¡Y ahora soy yo el que se atrasa!

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