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Susy Baron: “Empecé a caminar tras la huella de mi madre”

julio 14, 2016 7:51 pm Categoría: Café literario, Comunidad

-Ex presidenta de WIZO Chile lanzó recientemente su libro “Una Travesía al Pasado”.

 Por Ana Luisa Telias

Martín Friedmann junto a su bisnieta Carmen, madre de Susy.

Martín Friedmann junto a su bisnieta Carmen, madre de Susy.

El sueño de su tatarabuelo, Martín Friedmann, era instalar su propio taller de carpintería en alguna ciudad importante de Alemania. Escuchó del auge de Bremen en la década de 1840, en especial el puerto de Bremerhaven, y se dirigió hacia allá siendo sólo un veinteañero.

Tratando de averiguar dónde pernoctar, se acercó a la primera cantina que divisó a la salida del puerto. Al estar repleta, se sentó en una mesa con otros hombres que hablaban un dialecto difícil de comprender, pero eso no fue un obstáculo para que Martín se integrara a la conversación, tomara más de un vaso de vino y fumara tabaco con ellos. El problema es que el cansancio lo venció y sin imaginar, ni en sus peores sueños, al despertar se encontró navegando a bordo de un galeón viejo y desvencijado llamado el “barco de la muerte”, junto a tripulantes, la mayoría de ellos fugitivos de la ley, refugiados políticos, aventureros indocumentados, criminales que iban sin rumbo fijo y que luego de siete meses y días tormentosos, encallaron a escondidas entre arena y roca en las costas de Chile.

Las llamaradas del navío hicieron que los hombres se lanzaran a las gélidas aguas del Pacífico con la esperanza de llegar a la costa sin ser descubiertos porque podían ser apresados. Algunos de ellos terminaron ahogados. No obstante, Martín logró llegar a la orilla. Sin ropa ni comida, hicieron fogatas y se alimentaron de peces esperando que un barco los divisara. Hasta que apareció un velero que los rescató sanos y salvos. Así, en 1850, a los 24 años, el tatarabuelo de Susy llegó a Chile, hizo fortuna realizando trabajos de carpintería en Valparaíso, se casó, tuvo hijos, y 45 años después retornó a Alemania en un barco de lujo junto a su hija Margarita y su yerno Rómulo Echtermeier.

Una saga familiar de cinco generaciones cuyas vidas son tremendamente complejas y adelantadas para su época, en cuyo interior salen a luz historias que envuelven amores, desamores, tragedias, fortunas, despilfarros, la insistente búsqueda de nuevos inicios, la aceptación del otro, la discriminación, el coraje, el esfuerzo, el deseo de libertad y de aventuras, entre tantos otros.

“Quise ser muy honesta y no poner la vida de mis ancestros color de rosa; ser lo más fidedigna posible de acuerdo a como lo dejó escrito mi madre”, cuenta la autora de “Una Travesía al Pasado” (Editorial Puerto de Escape, 2016).

¿Hacerlo público?

En un reciente viaje a Berlín “empecé a caminar tras la huella de mi madre y se me abrió una caja de Pandora”, dice Susy. “Busqué las direcciones de mi familia y aunque ya no existían las casas, encontré los nombres de las calles y el número. Visité la catedral Sankt Hedwigs, a la cual asistía mi bisabuela paterna, Margarita”, precisa.

Allí oficiaba el sacerdote Bernhard Lichtenberg, quien no tuvo temor en denunciar desde el púlpito las atrocidades perpetradas por el régimen nazi contra los judíos, pagándolo muy caro: fue deportado y falleció camino al campo de Dachau. “Prendí una vela en su cripta, rindiéndole un homenaje a quien también fuera nombrado “Justo entre las Naciones” por el Museo Yad Vashem y beatificado por el Papa Juan Pablo II en su visita a Berlín en 1996”, puntualiza.

“Mi aprensión es que mi mamá escribió estas memorias para su familia y yo fui un paso más. No sé qué diría de esto”, afirma.

Susy Baron junto a las obras de Carl Friedrich Echtermeier, su tatarabuelo escultor.

Susy Baron junto a las obras de Carl Friedrich Echtermeier, su tatarabuelo escultor.

Consultó con varias personas fuera de su entorno familiar y la animaron a publicar el libro, fundamentalmente porque “el tema de las migraciones sigue siendo actual y lo vemos dramáticamente hoy a través de los refugiados que huyen hacia Europa. Los distintos credos religiosos también están presentes en esta historia; en la aceptación y el respeto que existía entre los abuelos paternos católicos de mi mamá y los abuelos maternos judíos; un ejemplo que deja una valiosa enseñanza”, destaca.

Además, mientras escribía el libro aparecieron en toda su grandeza las obras de Carl Friedrich Echtermeier, su tatarabuelo escultor, cuyas estatuas Susy pudo admirar en el Nuevo Museo de Kassel, ciudad donde había nacido. Descubrió también que en 2014 una galería de Berlín realizó una exposición con las pinturas de su tío abuelo, Curt Echtermeier, después de casi 50 años de su fallecimiento.

Vidas antepasadas

La genialidad de la escritora va más allá de retratar las épocas (Siglos XIX y XX), y sucesos políticos y culturales de Alemania, Argentina y Chile, así como las difíciles circunstancias que debieron enfrentar cada uno de los personajes que aparecen en esta historia. Logra con maestría reconstruir la cotidianidad de sus ancestros, les otorga vida, sentimientos y sentido a sus trayectos, y los devela a ratos con humor, con rabia e incomprensión. También muestra su empuje, talentos, optimismo y retrata a cada uno tanto en alegrías y buen pasar como en penuria y sombras.

Cultura v/s anticultura

Tito, el papá de Carmen (su madre), había nacido en Chile. “Era un adelantado a su época, un vividor, un intelectual innato y por eso, tal vez, nunca valoró tener una familia, mantenerla y cuidarla. Mi abuela Else, a quien conocí, era una mujer educada en una casa judía burguesa con normas estrictas. Es un hecho que cuando del lujo se pasa a la pobreza -y eso ocurre hasta el día de hoy- muchos matrimonios se quiebran. Ella siempre lo siguió amando, pero le fue imposible adaptarse a una vida bohemia y se separó de él”, cuenta.

Consultada sobre cómo su abuelo, un hombre tan culto, aceptó el ofrecimiento de difundir la vida cultural en los noticieros cinematográficos a comienzos del ´33, bajo el régimen nazi, Susy responde: “Tito era un librepensador; no era judío y cuando los bolsillos y el estómago están vacíos, para muchas personas no existen escrúpulos. Eso le sucedió a él. Fue sencillamente un trabajo que le permitía seguir viviendo”, señala.

“Mi madre, que adoraba a su padre, nunca estuvo de acuerdo, pero gracias a sus contactos, pudo conseguir un pasaporte chileno para ella y su madre, y huir de Alemania. Al término de la guerra, Tito fue apresado en Hamburgo cuando los ingleses descubrieron su nombre en los guiones. Estuvo meses en prisión hasta que falleció ya estando en libertad, en 1946”, relata.

La protagonista de la Travesía

“Una Travesía al Pasado”, a la venta en WIZO y librerías.

“Una Travesía al Pasado”, a la venta en WIZO y librerías.

Finalmente todas estas historias confluyen en Carmen. Ella interactuó y recibió influencias de cada uno de sus familiares para luego legar a sus hijos la memoria de sus raíces. “Mi mamá era una mujer con ideas muy firmes, defensora de las causas perdidas. Siempre trataba de comprender y nunca la oí juzgar con dureza a alguna persona. Cuando todo el mundo escapó de Alemania con tristeza, ella se sintió feliz de empezar una nueva vida y salir del país opresor, mientras que mi abuela Else siempre añoró su tierra”, explica.

Apenas llegada a Buenos Aires, su madre se casó sin mayor entusiasmo, presionada por sus cercanos, creyendo que tendría una vida estable y segura, lo que distaba de la realidad. Al mismo tiempo, conoció a Max Girgulsky y ambos se enamoran perdidamente. “A veces pasa que uno se enamora de otra persona estando casada y creo que si ella hubiera tenido un buen matrimonio, no se habría fijado en él. Lo hermoso es que vivieron enamorados hasta que mi padre cerró sus ojos para siempre”, expresa.

“Un viaje cargado de emociones”

Mientras Susy escribía ocurrieron situaciones muy emocionantes, encontrando familiares en Europa y nuevas huellas de sus antepasados en el camino. Sin embargo, el anuncio más triste llegó con la muerte de su hermano Rony en Buenos Aires, quien le encomendó la misión de escribir estas memorias. “Fue fuertísimo para mí y hasta hoy me cuesta creer que ya no está físicamente conmigo. Paré de escribir durante meses. Cada vez que me sentaba a escribir lloraba. Y una noche sentí la presencia de mi hermano que me pedía que siguiera haciéndolo. Ahí empecé de nuevo. Ha sido un viaje cargado de emociones y espero que esos sentimientos se traspasen en el libro”, dice a través de sus ojos verdes muy húmedos.

Al término de esta entrevista Susy revela que cuando su madre, a los 76, llegó a vivir a Chile, poco antes de morir le tomó el peso a esta historia y el sentido de vivir en este país. “Los designios de D-s son inconmensurables”, concluye.

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