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Sara, Jenny y Alejandra Stoulman: “Nuestros padres volvieron a ser personas”

Julio 10, 2015 12:45 am Categoría: Comunidad, Nacional

El viernes 29 de mayo, exactamente a 38 años de su desaparición en Buenos Aires, las osamentas de Jacobo Stoulman y Matilde Pessa fueron sepultados en el Cementerio Sefaradí de Santiago. Revista Shalom conversó en exclusiva con sus hijas.

Por Gabriela Arditi Karlik

Ella llevaba puesto el broche grabado con los nombres de sus tres hijas: Sara (18), Jenny (16) y Alejandra (15). Traje Chanel. Blusa rosa. Era domingo, 29 de mayo de 1977. El vuelo Braniff con destino a Buenos Aires aterrizó en Ezeiza. Matilde Pessa (42) y Jacobo Stoulman (43) no se comunicaron con las chicas, como era habitual en sus viajes. Desaparecieron.

El único hecho comprobado es su secuestro en la loza del aeropuerto y el hallazgo de sus osamentas en la Cuesta Barriga, en Chile, 38 años después. Lo demás son lucubraciones y reconstrucciones en torno a la Operación Cóndor y una supuesta intermediación para el traslado de financiamiento al Partido Comunista chileno, careciendo el matrimonio de vinculación política.

Jacobo era contador. Había trabajado como gerente de operaciones del Banco Israelita (luego Banco Internacional). Entre 1971 y 1973 vivió en Israel junto a su familia. A su regreso, fue empresario de cambios y turismo, así como del área textil.

Tradicional, reservado, un hombre de acción pero en silencio, confiable. Consejero de muchos, y confiado en el ser humano, gozaba ayudando. Su felicidad era incompleta si el bienestar no se extendía hacia sus más cercanos. Observador de la naturaleza, muy pendiente de su entorno, lúdico y con buen sentido del humor, además de lúcido.

Matilde, una mujer bellísima, chispeante, extrovertida, graciosa, de asombrar con su ingenio. Generalmente estaba cantando. Dedicada totalmente a sus hijas, se caracterizaba también por su empatía y generosidad con el prójimo. Se levantaba temprano para acompañar a su marido hasta el centro, regresando luego en micro, con el simple propósito de pasar más tiempo junto a él.

La pareja se disfrutaba plenamente.

El inicio de la soledad

Era inmensamente necesario honrar su memoria después de tanto daño como víctimas de lesa humanidad... darles una digna sepultura como la halajá lo establece, y honrarlos..."

Era inmensamente necesario honrar su memoria después de tanto daño como víctimas de lesa humanidad… darles una digna sepultura como la halajá lo establece, y honrarlos…”

“La casa de cambios estaba siendo filmada desde el hotel Crillón, ya que la DINA se había dado cuenta que allí se manejaban dineros de grandes inversores. Días antes de ir a Buenos Aires el papá vino a almorzar a la casa. Tenía cara de preocupado. Sentía que había una amenaza. El viaje estaba planificado y se juntarían con unos amigos en Buenos Aires. La señal que alertaría a la familia sobre la extraña situación fue el no recibir la llamada de costumbre a su llegada, y constatar con la pareja de amigos que no habían llegado al encuentro previamente acordado. En esta ocasión quedamos a cargo de nuestra abuela paterna, ya que nuestro padre se lo solicitó dado que en aquel momento nuestra abuela materna, con quien siempre nos quedábamos cuando viajaban, estaba en Israel. Fue desconcertante que al día siguiente, por extraños e inexplicables motivos, es retirada nuestra abuela en áspera actitud, para volver a su casa y, por tanto, nos quedamos solas. Jenny, incluso, estaba enferma. Debido a ello, nuestra tía materna, con su familia, deciden acompañarnos. Días después llegó nuestra abuela materna, quien asumió su rol de abuela protectora. A partir de ese momento todo se transformó: estábamos desesperados intentando dar con alguna pista. La tía Luna, hermana de la mamá, hacía varios llamados en los días siguientes, y familiares nos pedían buscar documentos de nuestros padres. No había ninguna noticia de ellos. No se sabía nada”, recuerdan Sara, Jenny y Alejandra Stoulman.

¿Cómo se movilizaron a partir de entonces?

Comenzó una investigación familiar a través de la Vicaría de la Solidaridad, con los pocos documentos que habíamos logrado conseguir, como el certificado de vuelo de Braniff. En relación a éste, cuando fuimos a buscar una segunda copia ya no figuraban como pasajeros. En ese punto tomamos conciencia del real peligro. En casa se intentaba frenéticamente buscar información. Se solicitó ayuda a la Cruz Roja, a abogados que algunos propusieron, personas influyentes estaban haciendo gestiones. Muchos años después vino el Informe Rettig en Chile, el Nunca Más en Argentina y el Estado de Chile inició la investigación. Interpusimos una querella criminal conjunta con los familiares de las demás víctimas de la Operación Cóndor, y nos fuimos poniendo al tanto de los sucesos de cada una de las personas, en calidad de detenidos desaparecidos, que conformaban dicha Operación. Hasta ahora, no habíamos tenido mayores noticias.

Y ¿la reacción de la gente?

– Hemos aprendido a entender las distintas actitudes y posturas de las personas, aunque nos duelan algunas. Vivimos todo este prolongado episodio en una soledad abismantemente dura y fría. Aquí no hubo apoyo ni de la comunidad ni del colegio. Nos impresiona que siendo los parientes directos de las víctimas y en calidad de adolescentes pertenecientes a la comunidad escolar, haya fallado toda la red de apoyo. No recordamos que nuestra abuela materna, en calidad de jefa de familia, haya recibido en ese entonces alguna llamada telefónica ni visita que representara a la comunidad escolar o judía. Queremos traer a la gente a la reflexión. Entregar una mirada desde lo que recibimos. El hecho de infundir miedo ha sido siempre una gran herramienta que se ha utilizado para dividir a la sociedad y restarle fuerza. Y más aún a una comunidad y sociedad que ya trae sus traumas por la Shoá y su historia. La gente se desvinculó para no ser tocada tras oir el boca a boca de historias maquinadas, conspirativas y restrictivas, las que quisieron creer. Si se echó a andar una historia que no cuadraba con el perfil de ellos, ¿por qué la mayoría se desconectó de su intuición y de su conocimiento previo de nuestros padres? Hubo un reducido número de personas, claro está, que dentro de sus posibilidades hicieron gestiones para encontrarlos, y eso ha sido muy noble y hemos estado muy agradecidas siempre. En ese período a nosotras se nos asustaba con no poder hablar; se nos generó mucha paranoia desde la familia, así que estábamos muy encapsuladas. Es importante mencionar que siempre y desde siempre hemos estado acompañadas por algunas familias. Finalmente y para concluir, invitamos a reflexionar respecto de lo que queremos como sociedad, chequear nuestros valores, nuestros intereses, nuestras formas y nuestra energía con la que nos desempeñamos y conducimos.

Contención en silencio

Ustedes fueron cuidadas por su abuela materna, con el apoyo de la familia de su madre. ¿Se acompañaban en su dolor?

– Tratamos de salir adelante cada una en su dolor, sin arrastrar a la otra. Cada una sufrió su pena, incertidumbres y miedos, individualmente, respetando el doloroso silencio de la otra. Además, la angustia y el dolor de una madre que pierde a sus hijos, es indescriptible; y era muy fuerte sentir esa tácita y silenciosa aflicción de mi abuela. Ninguna quería ocasionarle más angustia a la otra. Entonces, éramos un pequeño clan muy prudentes, empático y solidario. Y estábamos solas. Había una contención en silencio y un apoyo permanente. Pero hablábamos poco de todo esto entre nosotras. La mayoría de la gente quiere pero no quiere preguntar, acercarse, saber. Es decir, pareciera que no hubiera un compromiso real con el prójimo, pese a que en oportunidades se quiere cumplir con ciertas formas sociales, pero no se logra y resulta una comunicación algo estéril.

No se rindieron…

– Nos armaron varias cosas: poner nuestra atención en los estudios; fuimos sumergiéndonos en una búsqueda interior; el pensar en nuestros padres como personas que amaban la vida, sobreponiéndose a cualquier embate, nos hacía pensar que no hubieran querido que nos quedáramos pegadas en el pasado, dejando de lado nuestra misión de vida. También nuestra abuela materna, Sara Mois (Mami), nos crió con historias de guerra de su país, de sobrevivencia, relatadas como ella sabía hacerlo, y ella era una mujer muy optimista, de una gran fuerza vital, tiradora para arriba, de no rendirse. Tenía muy incorporado el instinto de supervivencia. La Mami nos daba seguridad. Nos sentíamos súper protegidas al lado de ella. Jugó un rol fundamental en nuestras vidas. Nuestro padres, además, nos dieron mucha estabilidad valórica y emocional. También estaban muy presentes nuestros tíos maternos. La familia completa de la mamá fue nuestro apoyo.

La llamada

A fines de mayo recibieron una llamada del ministro de la Corte de Apelaciones de Santiago, Mario Carroza, citándolas a una reunión. ¿Intuían algo?

– No. Hace unos años nos citaron del Servicio Médico Legal para tomarnos muestras de sangre, pero jamás nos imaginamos que había alguna noticia. Llegamos a su oficina. Él inició la conversación interesado en saber acerca de nuestras familias y si todos sus integrantes se encontraban en Chile. De repente nos dijo “van a poder enterrar a sus padres”. Hubo silencio y cuando pudimos salir del impacto, comenzamos a hacer muchas preguntas. Había varias personas del equipo de trabajo del Programa de Derechos Humanos Ministerio del Interior, que nos fueron explicando los nuevos hallazgos en forma muy científica, detallada, con mucho respeto, con una gran delicadeza.

De alguna manera, ¿se cierra el ciclo?

El ciclo no se cierra. De alguna manera es una sensación de “misión cumplida” porque aparecieron y se les pudo dar sepultura. Estamos conformes. Es una bendición, y nos genera tranquilidad que los hubieran identificado a ambos y encontrado en el mismo lugar, porque significa que estuvieron juntos, incluso en la muerte. El pasado nos ató a un duelo perpetuo durante 38 años. Y este hallazgo abre nuevas líneas investigativas en la búsqueda de la verdad.

¿Era importante para ustedes el ritual?

– Estamos en un proceso. Podríamos decir que ha sido reparador para nosotras. También para quienes quisieron a nuestros padres y para quienes nos acompañaron por diversas razones. Es algo importante para Chile también; un hito en la búsqueda de la verdad. Era inmensamente necesario honrar su memoria después de tanto daño como víctimas de lesa humanidad y el daño social y familiar inmerecido, darles una digna sepultura como la halajá lo establece, y honrarlos como las maravillosas personas que fueron. Era importante recordarnos que antes de ser víctimas de la dictadura, fueron personas que vivieron con nosotros. Era importante brindarles a todos aquellos que los callaron durante tanto tiempo, la posibilidad de poder reencontrarse con ellos, despedirse y despedirlos; rescatarlos del olvido que esta sociedad les dio muy anticipadamente. Después del ritual, la gente se permitió hablar nuevamente de ellos y sus recuerdos. Precisamente a esto nos referimos cuando hablamos del concepto de volverlos a la vida. Por fin nuestros padres dejaron de estar en el anonimato y volvieron a ser personas. Nuestras vidas se dividieron en el antes y el después, y vivimos siempre con esta disociación. Ahora nos sacamos esta angustia de que ellos quedaron perdidos en el espacio; deshumanizados. Recién ahora nos sentimos realmente en duelo. El mismo hecho de partir desde el Servicio Médico Legal detrás de la carroza que llevaba las urnas, hacia el cementerio, con todo el cuidado por parte del equipo del Servicio Médico Legal, el ministro Mario Carroza, el equipo del Programa de Derechos Humanos, el rabino Daniel Zang, con las banderas de Chile sobre las urnas, fue muy importante. Acá no hubo un desprenderse de la parte física, sino darles una sepultura digna a nuestros padres.

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