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Roberto Ampuero: “Las libertades siempre están siendo amenazadas”

Abril 14, 2017 7:47 pm Categoría: Comunidad, Festividad, Nacional
  • Basado en su experiencia de vida, el afamado escritor chileno saluda a la colectividad judía en Pesaj con un mensaje sobre la libertad.

  Por Ana Luisa Telias

Roberto Ampuero, escritor y Senior Fellow de la Fundación para el Progreso.

Ganó su fama como autor con la novela “Nuestros Años Verde Olivo”. A principios de los ´70 ingresó a las Juventudes Comunistas, convencido en torno a los ideales del socialismo. En los años venideros iniciaría un proceso de reflexión que lo apartaría de esas ideologías; algo en lo que no tuvo que ver la caída de Salvador Allende sino su propia experiencia en Cuba. Tras un breve período en Alemania Oriental se refugió en la isla, paso que lo llevó desencantarse del régimen al tener que soportar los mismos problemas que buena parte de la población, relativos al trabajo y al abastecimiento. En 1978 renunció a la militancia y regresó a Alemania Oriental, cruzando el muro en 1983, para regresar a Chile 10 años más tarde.

En 1997 partió a Suecia, para luego iniciar una itinerancia que años después lo llevaría a los Estados Unidos y México. Su distanciamiento de posturas de izquierda lo llevó a abrazar no tanto las de derecha, sino más bien las del liberalismo.

Quisimos conocer la mirada de uno de los escritores chilenos más leídos y traducidos sobre el momento actual que vive Chile y su visión de la libertad; Senior Fellow de la Fundación para el Progreso (FPP), columnista de El Mercurio y del Líbero, ex embajador de Chile ante México y ex ministro de Cultura en el gobierno de Sebastián Piñera.

– ¿Por qué el ser humano tiende a creer en utopías, a pesar de vivir un proceso de pérdida de libertad siguiéndolas?

– El camino al infierno está tapizado de buenas intenciones, dice un refrán. Pero reducir una dictadura revolucionaria al mal resultado de buenas intenciones mal gestionadas, no explica todo el proceso. También hay allí como premisa una visión ideológica fundamentalista, extrema e intolerante, como en el nacionalsocialismo y el comunismo. Mediante el uso de la retórica y supuestas leyes científicas que determinan el desarrollo humano, teorías meramente ideológicas sin relación con la realidad efectiva, se construye un relato de la clase o la raza que redimirá a la especie humana y la conducirá a un orden utópicamente perfecto. Cuando estás convencido de que descubriste esas leyes mediante la ciencia histórica, que ellas conducen a la felicidad humana y a ti te corresponde como partido único y Estado dirigir ese proceso, entonces no dudas ni escatimas esfuerzos ni arbitrariedades en imponer tu dominio sin contrapeso en la sociedad. El fin (el triunfo de tu clase o raza) justifica los medios (la dictadura). Tampoco dudas en calificar a quienes se oponen a ello como enemigos de la felicidad y justicia en el mundo, y en perseguirlos, encerrarlos o exterminarlos.

La utopía siempre es superior a la realidad y no tolera al ser humano con sus imperfecciones. Su objetivo es reformar al auténtico ser humano desde el Estado y el partido, a convertirlo en una pieza que se ajuste perfectamente a la utopía; a transformarlo en un “hombre nuevo”.

La utopía siempre es superior a la realidad”.

La disyuntiva de elegir

-¿Cómo se vive ese proceso de retorno a la libertad después de vivir en Cuba y la ex RDA?

– Los sueños de la razón producen monstruos, decía Goya, y lo de Cuba o la RDA no son realidades utópicas sino utopías devenidas pesadillas. No cabe duda de que vivir 58 años bajo la dictadura de dos hermanos militares es para un ser humano una pesadilla maratónica. Quienes logran salir del socialismo después de años de vivir en él, experimentan inicialmente euforia. La libertad causa euforia, pero después intimida a muchos porque exige responsabilidad y decisiones. Gente acostumbrada a que su vida fuese determinada desde la cuna hasta la tumba por el Estado, enfrenta dificultades cuando llega a la sociedad libre y debe adoptar por sí sola decisiones cruciales: dónde vivir, a qué escuela ir, qué seguro escoger, qué plan de salud financiar, dónde y qué estudiar, endeudarse o ahorrar, por quién votar, qué ideología o causa abrazar, en qué medios confiar, ser emprendedor o empleado, empleado estatal o privado, en fin. La sociedad libre exige decisiones a cada paso, y la persona es la que decide. En ese proceso de toma de decisiones madura, crece, aprende, es libre y forma su identidad. Ser libre es poder escoger. No es fácil vivir en la sociedad libre. Por algo Erich Fromm habló de que muchos sienten “el miedo a la libertad”. Cuando yo salí en 1982 de los países comunistas y llegué a Alemania Occidental, me alegré infinitamente, pero también me agobió la posibilidad y obligación de tener que elegir en todos los ámbitos de la vida. Me atemoricé. Durante bastante tiempo pensé que sucumbiría en la sociedad libre, sin que un Estado se hiciera cargo de mí y tomara las decisiones por mí.

Una de mis mayores decepciones cuando militaba en las Juventudes Comunistas fue no haber encontrado jamás a un joven que dijera “sueño con abrir un pequeño local con buen café y pastelitos o una librería o un restaurant, crear plazas de trabajo, ser independiente”, o que me dijera “anhelo ser médico y abrir mi consulta propia, sin patrón”, o “quisiera instalar un buen taller de mecánica y convertirlo en el mejor de mi barrio”, o una empresa cualquiera, grande o chica.No; ninguno quería emprender algo. Todos aspiraban a desempeñarse en un puesto estatal. Así no hay país que prospere ni se desarrolle. A eso se debe en parte el que hayan sucumbido todos los países comunistas. China y Vietnam tienen éxito porque, a pesar de ser regímenes de partido único, toleran dentro de ciertos marcos la iniciativa privada. Pero la sociedad libre debe serlo en forma integral; no parcial.

La libertad causa euforia, pero después intimida a muchos”.

Con realidades como la de Venezuela, Argentina, Gaza, ¿Qué fórmula puede asegurar nuestra libertad?

– Esto es un tema frustrante. Hay una inmensa brecha entre las declaraciones internacionales y la práctica real. El papel aguanta todo. ¿Cómo entender que la Libia de Gadaffi, la Cuba de Castro, el Irán de los ayatolas o la Venezuela del chavismo, integren la Comisión de Derechos Humanos de la ONU e incluso hayan llegado, varios de ellos, a presidirla? Así como se alían los países democráticos y libres entre sí, también se alían los regímenes no democráticos. De allí surge la obligación, de quienes creen en la cultura de la libertad, de no dejar de profundizar sus convicciones y el conocimiento de sus íconos, adversarios y la historia; de rechazar con decisión en la sociedad abierta las tentaciones dictatoriales y populistas; de mantener presencia en la vida cívica y política.

Estar alerta

-En una era tecnológica y democrática, también estamos perdiendo nuestras libertades y sacrificando nuestra intimidad…

– Las libertades siempre están siendo amenazadas; por ello la importancia de estar alerta, de fomentar la transparencia, la libertad de prensa, la lucha contra la corrupción, la división de poderes y el principio de los “checks and balances que elaboraron los padres fundadores de los EE.UU. A veces creemos que, una vez conquistada la sociedad liberal y democrática, todo está resuelto y garantizado ad infinitum. No es así. La sociedad libre tiene enemigos, como lo sostiene Karl Popper, y también tiene en su seno a quienes se dejan tentar por supuestas ventajas y delirantes utopías que en verdad la perjudican, utilizan y deforman. Hay que estar alerta y no sólo preocuparse sino también ocuparse de las amenazas a la sociedad libre, pero esto no implica darse por satisfecho con el estatu quo, ser indiferentes a la pobreza y la injusticia, a la marginación, el nacionalismo estrecho y la xenofobia, el racismo.

La sociedad libre tiene enemigos”.

-¿Teme al Chile de hoy?

– Chile pasa por un mal momento. Lo muestran las cifras y encuestas. Vivimos bajo el peor gobierno desde que regresó la democracia y el segundo peor gobierno democrático desde 1958. Falta de liderazgo, mala gestión, pérdida del crecimiento y empleo, del principio de autoridad y de rumbo, de confianza en nosotros mismos (que es lo peor), incremento de la polarización y la división del país. Es cierto que algunas de estas manifestaciones, como la corrupción y el descrédito de las instituciones, no son responsabilidad exclusiva del gobierno. Las compartimos con muchos países del mundo, pero la responsabilidad central de enmendar, el deber de actuar, la obligación de velar porque las circunstancias mejoren, la tiene quien está a la cabeza de un país. También es cierto que no estamos en 1970, que el gobierno no pudo emplear la retroexcavadora a fondo porque la economía se estancó, los recursos se acabaron y se desgranó la alianza gubernamental. Hay demasiados nubarrones en el cielo y navegamos en medio de turbulencias. Ni hablar de la delincuencia o el terrorismo.

Es evidente que Chile no puede seguir así. Vamos por un mal camino. Creo que ese diagnóstico lo comparten quienes no queremos desmontar todo lo que se ha conquistado en estos últimos 35 cinco años, refundar el país ni dar un salto al vacío. Es peligroso el síndrome de Cristóbal Colón; eso de pensar que la historia comienza cuando yo llego. Chile necesita reencontrarse, volver a los acuerdos amplios y con altura de miras, reactivar su economía y tener un sueño de país moderno, innovador, más inclusivo y justo. Llamar a destruir, a exigir y repartir, es muy fácil. Lo difícil es construir, cumplir y crear riqueza.

Saludo al mundo judío en esta celebración del Éxodo que le permite reflexionar, conmemorar y conservar de forma viva su historia”.

-El mundo judío valora la libertad. Cada año las familias recuerdan la salida de la esclavitud en Egipto. En el desierto los israelitas debieron aprender a vivir como seres libres y a construir su destino, apoyados en los mandamientos de la Tora. ¿Falta recuperar la memoria en Chile para asegurar nuestra libertad?

– Saludo al mundo judío en esta celebración del Éxodo que le permite reflexionar, conmemorar y conservar de forma viva su historia. Saludo también el notable aporte de ese mundo a las artes, la cultura, el pensamiento y las ciencias. La construcción y la preservación de la historia de un pueblo, una cultura, un país o de cualquier comunidad, puede estar destinada a buscar en el pasado los elementos comunes y unificadores, o bien, debido a influencias particulares, a menudo egoístas, a destacar aquello que divide y separa, a fortalecer una voz y acallar otras voces, a proyectar a ciertos personajes e invisibilizar a otros.

En Chile nos falta cultivar más la memoria de todos”.

De allí emerge también, en la visión del pasado, la importancia del respeto a los derechos de las personas, a los principios de la sociedad libre, la diversidad y la tolerancia, la sensibilidad frente a la injusticia. Creo que en Chile nos falta cultivar más la memoria de todos. No es casual que nos sintamos unidos casi sólo por tres circunstancias: las catástrofes nacionales, la selección de fútbol y la Teletón. Creo que nos falta cultivar la historia que comprenda una vasta diversidad de voces y sensibilidades, una mayor inclusión social, la diversidad de memorias, una historia que no oculte los momentos de desencuentros, cismas, dispersión y exilios, que además intente conocer y difundir las causas de los procesos perniciosos para que no se repitan, pero que anhele también la construcción de una memoria colectiva que sea capaz de hallar esos denominadores comunes, que no son mínimos ni aislados, pero sí aleccionadores, inspiradores, orientadores y sanadores del alma colectiva.

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