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Pésaj: el anhelo de la libertad

Abril 14, 2017 8:28 pm Categoría: Comunidad, Festividad, Judaismo

La libertad es constitutiva de visión judía del Hombre. En el relato de la creación del ser humano vemos al primer hombre ejercer su libertad, aun a costa de desobedecer el simple mandato de no comer los frutos de un árbol determinado.

Por rabino Alejandro Bloch

Rabino Alejandro Bloch.

Existe un Midrash poco conocido que habla de la voluntad divina de darle absoluta autonomía al hombre y de la necesidad humana de diferenciarse. Eso sólo podría hacerse mediante la dolorosa y costosa desobediencia. Después del Edén el Hombre emerge con responsabilidad de proveerse su sustento con el esfuerzo de su trabajo y deja atrás una etapa de infancia; todo esto mediante el ejercicio de su voluntad, aun para contradecir a su creador.

Nuestro calendario litúrgico claramente pone a la Fiesta de la Libertad como el comienzo del mismo. Pésaj es el comienzo de las celebraciones y una marca en la conciencia colectiva fundamental que tendrá su impacto en todas las generaciones hasta el día de hoy.

El clamor de libertad de Pésaj: un grupo de esclavos contra la opresión del faraón todopoderoso que pretende ser D-s, es un tema que no sólo inspiró a nuestro pueblo a sobrellevar los momentos más oscuros sino que fue tomado por todos los que anhelaban y anhelan la libertad. Inclusive tenemos testimonios que Martin Luther King comenzó a hablar de su lucha por los derechos civiles en términos de la salida de Egipto, después de haber compartido su amigo Abraham J Heschel las ideas de Pésaj.

Miedo a lo desconocido

Es interesante tomar en cuenta que de acuerdo al Midrash no todos marcaron sus casas para salir de la esclavitud. Un gran número de los hijos de Israel quedaron atrás por miedo a lo desconocido; a la incertidumbre que la libertad implica.

El tema de Yetziat Mitzraim, la salida del país de la estrechez, de nuestro encierro espiritual y moral, está omnipresente en la plegaria. Lo recordamos dos veces al día cuando recitamos el Shemá y sus bendiciones. Lo recordamos cada mañana cuando decimos el texto del cántico que Moshé, junto a los hijos de Israel, pronunció al cruzar el mar.

En cada celebración, cuando hacemos el kidush decimos “zéjer litziat Mitzraim”: recuerdo de la salida de Egipto. En los Tefilín se hace referencia a Yetziat Mitzarim, recordándonos el mandato de luchar para ser cada día más libres, nuestros malos hábitos, la presión social, nuestros prejuicios, nuestras indiferencias. A tal punto ser libres es central en la visión del ser humano que existe una enseñanza rabínica que proclama “eved patur min hamitzvot”: el esclavo está exento de cumplir con los preceptos, ya que no es dueño ni de su tiempo ni de su existencia. Cumplir con los preceptos es la actividad de mayor estima en la tradición rabínica y por eso sólo puede ser la actividad de un hombre libre.

Aun así, en el Medioevo se formula la pregunta sobre si es posible la libertad del hombre y a la vez la providencia divina, yuxtaponiendo una con otra. Algunos autores sostienen que si afirmamos alguna de las dos anulamos completamente la otra. Por eso rechazan la posibilidad de la libertad en aras de la providencia, mientras que otros afirman que providencia y libertad no son auto-excluyentes.

El defensor a ultranza del libre albedrío no es otro que Maimónides, quien en su obra jurídica marca su posición al comienzo del capítulo 5 de Hiljot Teshuvá: “Se ha concedido la opción a cada hombre: si desea correrse hacia el buen camino y ser justo, suya es la opción; y si desea correrse hacia el mal camino y ser malvado, suya (también) es la opción. Que no se te pase por la cabeza aquello que suelen decir los necios de las naciones del mundo y los ignorantes de Israel, al sostener que el Santo Bendito decreta desde la creación de todo hombre si será justo o malvado. No es esto así, sino que todo hombre tiene la posibilidad de ser (tan) justo como Moshé Rabenu, o (tan) malvado como Yerabaam, o sabio o corto de genio…”

La libertad, sin duda, implica riesgos que no todos están dispuestos a enfrentar. Implica también, como contrapartida, la responsabilidad sobre nuestros actos. Muchas veces culpamos por nuestras acciones al entorno, a nuestros padres, las adicciones, la presión social y últimamente hemos sumado a la genética como responsable de nuestros errores.

Sin lugar a dudas, cada una de estas cosas contribuye a formar el conjunto de nuestra identidad, aunque decir que sólo somos el resultado de estos factores es volver a ser niños y escondernos detrás de máscaras.

En Pésaj celebramos nuestra libertad haciendo preguntas. Sólo quienes son libres tienen la posibilidad de cuestionar, sabiendo que la respuesta puede no ser grata. Sólo quienes son libres se atreven a cuestionar aun la propias ideas, incluso para reafirmarlas con más fuerza y autenticidad más tarde, después de haberlas revisado.

Muchas veces pensamos que porque vivimos en un mundo tecnológico avanzado hemos avanzado como género. Nuestra tradición nos enseña que las preguntas del ser humanos siguen siendo básicamente las mismas: ¿quiénes somos? ¿Cuál es nuestro destino? ¿De qué vale nuestro esfuerzo? ¿Cómo diferencias lo correcto de lo que no lo es?

En ese sentido, la pregunta por la libertad está tan vigente como el relato del primer hombre.

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