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María E. McClure: Nadie contaba con su astucia

Mayo 21, 2017 8:54 pm Categoría: Comunidad, Holocausto

– María Angélica Puga Phillips, bisnieta de quien salvó a niños judíos durante el Holocausto, comenzó a descubrir su historia a los 11 años de edad. Desde entonces, “tuve siempre presente a mi bisabuela como mi propia heroína, con tremendo orgullo”, afirma.

Por Gabriela Arditi Karlik

 

Retrato de María E. Mc Lure, 1915.

Se presume que Tante Marie (Tía María), como se la conoció en el Hospital Rothschild de París, habría salvado a unos 60 niños judíos durante la Shoá. Conversamos con su bisnieta, María Angélica Puga Phillips, para conocer más a fondo a esta mujer ejemplar; única chilena en recibir la distinción Justo de las Naciones de Yad Vashem.

Al parecer la vida completa de María fue, por decirlo de alguna forma, “de película”. ¿Qué imagen de ella tenía la gente?

– Todos valoraban su humor, generosidad, templanza, discreción y humildad. Le criticaban el no “seguir al rebaño”, ser “moderna o rupturista”, desafiando el “establishment” social al no seguir las normas como se esperaba.

Usted comenzó a investigar sobre su bisabuela “cachureando” documentos familiares en la década de los ´80. ¿Cómo se dio esa circunstancia?

– Siempre fui muy curiosa y en mi casa había una especie de buhardilla donde mi mamá guardaba sus tesoros, recuerdos, cartas. Sabía que no podía cachurear; por instrucción de mi mamá eso era privado. Pero un día, como a mis 11 años, simplemente no me aguanté y me topé con unos recortes de diario de los años ´50 que hablaban de la abuela de mi mamá…

¿Cómo reaccionó usted al ir encontrando información del calibre que María recibió la condecoración “Caballero de la Legión de Honor” (1955) por participar en la Resistencia francesa?

Me debatía entre la emoción e ilusión de saber que mi bisabuela era una heroína. Imaginaba que corría por los techos de París armada. Quería saber más pero, al mismo tiempo, delatarme por haber violado la privacidad de mi mamá…finalmente decidí que valía la pena que mi mamá me retara por intrusa, por lo que le pregunté sobre todo lo que supiera de María. Desde entonces, tuve siempre presente a mi bisabuela como mi propia heroína, con tremendo orgullo.

¿Se comentaba en la familia la notoriedad que alcanzó su bisabuela?

– Hasta 2005 lo comentábamos muy de vez en cuando, ya que la familia respetaba lo que la misma María quiso: que no se hablara sobre ella. Pero todos en mi familia materna lo sabíamos y nos enorgullecía. Discreción y humildad a toda costa. Luego de 2005, cuando comenzó el contacto con Marcel Frydman, uno de sus protegidos, quien buscaba el reconocimiento de Yad Vashem para María como Justo de las Las Naciones, la familia tuvo que empezar a compartir el rol de ella más públicamente.

Tuve siempre presente a mi bisabuela como mi propia heroína, con tremendo orgullo”.

¿Habría utilizado María -tía directa de Agustín Edwards Eastman, fundador del diario El Mercurio-su condición de aristócrata como pantalla para realizar su tremenda labor durante la Segunda Guerra Mundial?

– Claro que sí; la usó a su favor tanto con disponer de sus recursos monetarios para financiar operaciones de la Resistencia, rescatar judíos, mantener familias que acogían a los rescatados, etc., como para escudarse en la imagen que proyectaba de “aristócrata socialité que le interesa mayormente proteger su comodidad” con el fin de distraer la atención sobre su real actuar. ¿Quién sospecharía de ella siendo quien era y de dónde venía?

“Cuando comenzó el contacto con Marcel Frydman, uno de sus protegidos, mi familia tuvo que empezar a compartir el rol de María más públicamente”.

Silencio injusto

María Angélica Puga.

¿Qué la impulsó a plasmar la historia en el libro “Buscando a María Edwards” y a continuar indagando sobre ella hasta la actualidad?

– Cuando se hizo en Chile (2006) la entrega de la medalla de Justa Entre Las Naciones a las nietas de María (mi mamá y sus hermanas), fue la misma comunidad judía la que presionó para que como familia hiciéramos “algo más” con la finalidad que los chilenos supieran sobre ella; que la tuviéramos con ejemplo, ya que la colectividad no lo iba a olvidar, pero el resto de los chilenos seguro que sí. Entonces me comprometí primero a investigar más de lo que ya sabíamos como familia, porque gracias al dossier de Yad Vashem aparecían más antecedentes del actuar de María que ella calló por su gran discreción. Además, se me hicieron tangibles esos “niños”, que ahora ya son abuelos. Entonces, mucho antes de decidirme a publicar un libro, viajé a conocer a algunos de sus protegidos para que me entregaran sus testimonios. Como familia, en esa época, aún creíamos que lo mejor para respetar la memoria de María era mantener su imagen protegida dentro de nosotros, como ella siempre quiso. Pero queríamos saber más. Luego de ese primer viaje (2010), del cual volví con una maleta llena de documentos, con información que ampliaba largamente lo que conocíamos sobre su proceder, me quedaba claro que como país merecíamos que su historia se conociese; que era un honor, un ejemplo a seguir, un orgullo, y que no podía seguir en silencio. Por ello, concluimos como familia que era un deber compartir su rol públicamente. Así cuajó el que la investigación para la familia terminara en un libro.

En 2006 se me hicieron tangibles esos ´niños´, que ahora ya son abuelos”.

Según ha indicado en entrevistas previas, María consideraba el salvar la vida de niños como algo natural. Desde otra perspectiva, no tuvo una relación estrecha con su única hija…

– La relación era estrecha, con los conflictos usuales entre madres e hijas, especialmente de fuertes personalidades como eran ellas. Pero María había criado a su hija para que fuera independiente, como ella misma, por lo que una vez que se casó lo natural para ambas era que tuviera su espacio y María el derecho de continuar con su propia vida. Así es como volvió a París poco antes que comenzara la Guerra.

¿Tenía María algún vínculo con el judaísmo?

– Sólo de amistades cercanas en Paris. Ella era profundamente católica desde la cuna; de mucha fe.

Como país merecíamos que su historia se conociese. Era un honor, un ejemplo a seguir, un orgullo”.

El hecho de no provenir de una familia judía, haber ayudado tanto a niños judíos como a homosexuales y comunistas durante la Guerra, da a entender lo desprejuiciada que era María; algo poco frecuente en aquella época. ¿Es esa característica común en las generaciones siguientes de su familia?

– Afortunadamente, sí. Mi familia materna es pequeña: solo tres tías (incluyendo a mi mamá), seis primas conmigo y ocho sobrinos en total. Si bien somos todos muy distintos, heredamos la tolerancia y empatía, en mayor o menor medida, pero son características que tenemos. Lógicamente algunos somos más desprejuiciados que otros, por generación o experiencias de vida.

Si bien en mi familia materna somos todos muy distintos, heredamos la tolerancia y empatía”.

Cabeza fría, redes y contactos

¿Cómo llegó ella al Hospital Rothschild donde materializó su destacable labor, que finalmente evitó el traslado de los niños a Drancy, paso previo a Auschwitz?

María Edwards Mc Lure.

– Ella ya prestaba servicios en otros hospitales de París como asistente social, pero conversando con su amiga Germaine de Rothschild, quien le comentó las atrocidades que ya estaban viendo en el mismo París, decidió que donde sería de más utilidad era en el lugar donde estaban los más perseguidos y desprotegidos.

Algunos de los recursos que empleaba para salvarlos era esconderlos bajo su capa, para lo cual tenía que drogarlos (con el consentimiento de las madres). ¿Qué otros subterfugios usaba?

– Sobornó gente para conseguir llaves y así tener vías de escape, falsificó certificados de defunción, de bautismo (para hacer pasar a las niñas por huérfanas católicas), mintió sobre el origen de niños que escondía en su casa, financió operaciones de rescate, proveyó la alimentación de las familias que acogían a los rescatados y más.

¿Cómo lograba falsear la cifra de niños del hospital mientras iban desapareciendo del lugar?

– En un principio arguyendo que habían contado mal a quienes se habían llevado hacia Drancy o Auschwitz. Luego falsificando los registros o mediante certificados de defunción falsos.

Luego de la guerra María reubicó a los niños mayoritariamente en familias judías y a quienes no fueron adoptados los mantuvo económicamente. ¿Era así de generosa en todos los ámbitos?

– Sí, lo era. Pero este ejemplo me habla de algo más que generosidad: de respeto profundo a la identidad; de empatía.

Además de generosa, María respetaba profundamente la identidad de las personas”.

María fue amenazada y torturada. ¿Qué y quiénes la ayudaron a sobrevivir?

– Primero, su cabeza fría para no perder el control. Además tenía una red de protección tanto en la Resistencia como en el salvataje de los niños. Pero en el peor episodio la ayudaron tanto el almirante Canaris como sus relaciones con la diplomacia de España y Chile.

Sin contar lo anterior, en su vida privada su marido le fue infiel y luego se suicidó. ¿Cómo se levantó de tanto sufrimiento?

– Con entereza y fe. Además tenía a su hija por la cual debía levantarse.

Emoción hasta tiritar

Usted conoció a algunos de los niños rescatados. ¿Cómo fue ese encuentro, así como la reacción de ambas partes?

– Muy emocionante; de llegar a tiritar. También con mucho nervio de mi parte, ya que no quería provocarles ningún dolor con mis preguntas, que los llevarían al momento en que perdieron a sus familiares. Desde el lado de ellos, lo que más querían era poder agradecer a María y sentían que al decírmelo a mí llegaban a ella. Todos necesitaban cerrar ese círculo, ya que si bien varios siguieron en contacto con ella hasta su regreso a Chile en 1959, desconocían el rol que María jugó realmente en sus vidas. Al final fui yo la agradecida por toda la maravillosa y reveladora información que me entregaron.

“Lo que más querían los niños rescatados (hoy abuelos) era poder agradecer a María y sentían que al decírmelo a mí llegaban a ella”.

¿Mantiene relación con ellos?

– Hasta el día de hoy, principalmente con Marcel y su familia. Hablamos periódicamente. Hace casi dos años fui al matrimonio de su nieta.

Luego de su segundo matrimonio con un francés, María se habría emparejado con un judío español quien la acompañó durante varios años. ¿Coincidencia o conjunción?

– Bueno; éste es un error de interpretación bien común que se dio sólo en Chile. En Francia todos tenían claro que no eran pareja. René Núñez Schwartz fue un protegido de María quien lo acogió en París al estar en riego. Él se convirtió en algo así como un “segundo a bordo”, fuertemente leal a ella, y siendo judío se arriesgaba a cruzar la ciudad para ir al rescate de niños según le solicitaba María. Los chicos lo recuerdan como la persona que se quedaba en el departamento consolándolos y jugando con ellos mientras María volvía al hospital para mantener la imagen de normalidad. Era una persona de gran corazón, pero con ciertas limitaciones de personalidad y sociabilidad. No se le conoció interés amoroso con nadie. Defendió a María a golpes cuando fueron a torturarla en su departamento, pero recibió la peor parte. Luego fue confinado a un campo de detención (mientras que a ella la retuvieron en su propio departamento) hasta que María movió sus hilos para rescatarlo, ya que no tenía la capacidad de soportar. Este rol de René lo desconocíamos por completo, hasta que obtuve la información en 2010.

El morbo y la ignorancia sólo permitían justificar la presencia de René asumiendo que era su pareja”.

Cuando María regresó a Chile, continúa María Angélica, “indudablemente no iba a dejar abandonado a René a su suerte. Él quedó muy dañado luego de su detención y no tenía familiares. En Chile, fuera de nuestra familia, dieron por hecho que eran pareja sólo porque vivían bajo el mismo techo y venían juntos desde lejos. El morbo y la ignorancia sólo permitían justificar su presencia asumiendo que él era su pareja, pero a María nunca le importó el ´qué dirán´; menos luego de todo lo que había vivido. Quizás hasta le parecieron cómicos los rumores… ¿quién iba a imaginar que María desafió a la Gestapo, rescató niños de la muerte segura, los reubicó en familias judías, participó activamente en la Resistencia y destinó gran parte de sus recursos económicos a esta cruzada?

Hasta 2017 Yad Vashem ha reconocido a 26.513 Justos.

“Kol hamekayem néfesh ajat, keilu mekayem olam malé”; “Quien salva una vida, salva al mundo entero” (Talmud: Sanhedrín, 37, 71), está inscrito en la medalla de los Justos.

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