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Embajador de Israel recordó enseñanzas universales de la Shoá

enero 5, 2017 6:55 pm Categoría: Comunidad, Israel, Judaismo

Eldad Hayet impresionó con sus palabras ofrecidas en la sinagoga de Jabad Lubavich donde el presidente del Senado, Ricardo Lagos Weber, recibió una distinción de la Sociedad Chilena para Yad Vashem. A continuación, el texto completo.

 

Embajador de Israel, Eldad Hayet.

Embajador de Israel, Eldad Hayet.

“Para mi representa un doble honor estar presente con ustedes esta tarde, en una ceremonia donde por un lado está latente el recuerdo y el homenaje a los seis millones de judíos asesinados en la Shoá, y por otro lado está presente el  reconocimiento a la defensa de los derechos humanos en nuestros tiempos. Quiero destacar la labor de David Feuerstein, presidente de la Sociedad Chilena para Yad Vashem, quien se ha convertido en uno de los grandes luchadores de la memoria judía. Y, por su puesto, quiero felicitar al presidente del Senado, senador Ricardo Lagos Weber, por esta distinción, que reconoce su trayectoria política y sus iniciativas concretas en materia de derechos humanos.

La Shoá, como episodio icónico de la discriminación y persecución hacia el pueblo judío, por un lado, y los derechos humanos, como valor fundamental de la sociedad moderna, por el otro, se conectan de manera irrefutable a través del análisis de la historia reciente. En ese sentido, el Holocausto judío se ha constituido en un referente fundacional a la hora de desplegar un enfoque holístico sobre derechos humanos en el mundo. Lo anterior tiene que ver con algo que fue escrito certeramente hace algunos años por Irwin Cotler, ex ministro de Justicia de Canadá y reconocido abogado de derechos humanos a nivel internacional. Este destacado jurista señaló que si bien el Holocausto fue “excepcionalmente único”, hay importantes lecciones universales para poner en práctica. En efecto, mencionó siete lecciones principales que cada una de ellas trae una responsabilidad. 

La primera es la importancia del recuerdo del Holocausto, que trae consigo la responsabilidad de la memoria. Es decir, devolver a las víctimas, a cada una de ellas, su condición humana y personalizada a través del recuerdo. La segunda es el peligro de la incitación al odio y al genocidio aprobado por el Estado: nos obliga a tomar la responsabilidad de prevenir. En nuestros tiempos la incitación ha alcanzado niveles alarmantes en muchos lugares del mundo, aprovechando una herramienta muy poderosa como son las redes sociales.

La tercera lección es el peligro del silencio y las consecuencias de la indiferencia, o sea la responsabilidad de proteger. En efecto, la pasividad frente al abuso y la injusticia también es un tipo de complicidad. La cuarta es combatir la atrocidad en masa y la cultura de la impunidad: la responsabilidad de enjuiciar a los criminales de guerra, pues la obtención de justicia representa un paso adelante en la reparación para el ser humano.

La quinta es la traición de los intelectuales. De ella deducimos la responsabilidad de decir la verdad al poder. En otras palabras, la obligación de las élites culturales, intelectuales, profesionales, y yo diría, también las religiosas y militares, de superponer los estándares morales. La sexta es la importancia de la conmemoración del Holocausto, es decir la responsabilidad de educar.

Sin duda, traspasar esta información a las nuevas generaciones es una verdadera inmunización ante el germen del racismo.

Y la séptima y última es la protección del vulnerable como la prueba de una sociedad justa. Solamente con equidad e igualdad se equipara el valor de la vida, en los términos que los derechos humanos se entienden.

En definitiva, estas lecciones son todas ciertas e importantes y en un mundo lleno de conflictos regionales y locales, de guerra asimétrica y terrorismo, el desafío de aprenderlas y ejecutarlas es aún más grande.

El valor de la condición humana

Pero además de las lecciones que nos presenta Cotler, creo que podemos extraer de la Shoá algunas enseñanzas adicionales, en el plano personal, nacional y universal.

En el plano personal, el Holocausto nos mostró que el ser humano es muy complejo y la sociedad humana, como sumatoria de seres humanos, lo es aún más. Vimos que el ser humano puede ser cruel y a la vez misericordioso, indiferente y también empático, violento y apaciguador, egoísta pero a veces solidario, valiente y cobarde. El desafío que tenemos, entonces, es trabajar arduamente para educar a los más jóvenes, de manera de formar seres humanos en los cuales estos atributos positivos se sobrepongan claramente.

En el plano nacional, la Shoá hizo aún más evidente la necesidad de un Estado para el pueblo y la nación judía. Esa es precisamente la esencia del sionismo y por eso el anti-sionismo (o sea, la negación del derecho del pueblo judío a tener un Estado) es la dimensión más actual del antisemitismo. Tener un Estado nos costó mucho tal vez demasiado, y es evidente que en el ambiente conflictivo y bélico en el cual vivimos en el Medio Oriente, sostener esta gran obra nos sigue generando dificultades y desafíos no sólo al Estado de Israel sino también a los judíos en todo el mundo. Pero un Estado de Israel fuerte y desarrollado provee la mayor garantía de que otra Shoá no ocurra.

Y, por último, en el plano universal el Holocausto judío nos deja enseñanzas imperecederas, eternas, como la memoria de las víctimas. En efecto, luego de este dramático episodio la conciencia moral de la humanidad ha cambiado para siempre, reivindicando conceptos como democracia, igualdad, justicia, solidaridad, responsabilidad, diversidad, pluralismo, educación y equidad.

El Premio Nobel de la Paz, Elie Wiesel, señaló: “No todas las víctimas fueron judías, pero todos los judíos fueron víctimas”. A eso quiero añadir, con toda humildad, que para el bienestar de la humanidad debemos recordar también que, aunque todos los judíos fueron víctimas, no todas las víctimas fueron judías.

Y por eso quiero finalizar diciendo que la labor que desarrollan personas como David Feuerstein, en favor de los derechos humanos, ratifica la visión talmúdica, donde la condición humana de una sola persona debe ser resguardada como si fuera toda la humanidad”.

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