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“El BDS no es una situación; es un problema”

julio 10, 2016 1:45 am Categoría: Comunidad

– Matías Wolff, vicepresidente de la Comunidad Judía de Chile enfatiza la necesidad de generar diálogo con la contraparte, así como aliados.

 Por Gabriela Arditi Karlik 

Se abrió un nuevo capítulo. Por primera vez, desde que surgió el movimiento BDS, se generó una inercia positiva a través de una declaración abierta al mundo, originada por casi 2.000 judíos. Miembros del World Jewish Congress, la delegación permanente de Israel en la Organización de las Naciones Unidas, un grueso de norteamericanos, israelíes y canadienses, y, por supuesto, representantes latinoamericanos, hicieron pública la coordinación y unidad de las comunidades judías del mundo para enfrentar el movimiento BDS y cambiar el eje de la discusión en torno a él.

En esta primera conferencia, “Construyendo puentes, no boicots”, realizada en el salón de la Asamblea General de la ONU, participaron, en representación de la Comunidad Judía de Chile, Matías Wolff (vicepresidente), Robert Funk (presidente de la Comisión Política) y Jorge Testa (presidente de la Federación de Estudiantes Judíos, FEJ).

 

Matías Wolff, vicepresidente de la Comunidad Judía de Chile.

Matías Wolff, vicepresidente de la Comunidad Judía de Chile.

Conversamos con Wolff, a su regreso de Nueva York, para conocer su opinión sobre la reacción de Israel ante el movimiento BDS, entender el trabajo de la CJCh en este ámbito y analizar la actitud que debería tomar la colectividad.

El BDS es una nueva herramienta más del mundo palestino; una estrategia bastante bien pensada. Se viste de ropa civil de derechos humanos. Es una forma ´civilizada´ de deslegitimar a Israel y, por transitividad, también a los judíos. La raíz del anti-sionismo es diferente a la del antisemitismo, pero termina siendo lo mismo. Hay gente que tiene una visión contraria al gobierno de Israel y no es necesariamente antisemita. Esto se ve mucho al interior de la colectividad judía. El problema es cuando el anti-sionismo niega el derecho del judío a tener un Estado propio; a la autodeterminación del pueblo judío. La gran mayoría de las razones tienen que ver con esa des-legitimización y el no derecho a la autodeterminación de los judíos, así como con el pueblo palestino, que también tiene derecho a un Estado en la medida que no afecte la libertad y seguridad de los israelíes y judíos que viven allá”, resume el dirigente.

La llegada del tsunami

¿Cómo evalúa la reacción de Israel ante este movimiento?

– Tremendamente lenta. Y la explicación es que el BDS, como tal, no es un problema para Israel, ya que prácticamente no hay un bloqueo económico. El problema es para las comunidades judías que viven en el resto del mundo. Hace muy poco tiempo Israel nombró un ministro a cargo del BDS. Si bien aplaudo lo que se hizo con la Conferencia en Nueva York, esto debió comenzar hace mucho tiempo, porque hoy el BDS ya no es una situación; es un problema.

La gran mayoría de la comunidad en Chile desconoce la labor que está realizando la CJCh para contrarrestar los efectos de este movimiento. ¿Qué se puede informar?

– Hay una serie de cosas que forman parte de nuestra labor pero no son abiertas porque le dan la oportunidad de reaccionar a nuestros contrincantes. Nos hemos reunido con los rectores de las universidades más importantes de Chile, donde la mayoría de ellos no sabe lo que es el BDS y cuando lo saben lo rechazan de forma en forma inmediata y bastante abierta. El BDS hace un voto de censura discriminatorio contra un país, y no existe frente a ningún otro. Nos hemos reunido con profesores destacados de todas las universidades, estamos trabajando muy de la mano con la Federación de Estudiantes Judíos (que son la primera línea), nos hemos juntado con casi todos los ministros relevantes vinculados fundamentalmente con el tema del bloqueo económico. Hay que entender que el combate contra el BDS tiene un foco reactivo y otro proactivo. En este sentido estamos trabajando, por ejemplo, con el proyecto “Maim” sobre cómo los judíos ayudamos a Chile a hacer un mejor uso del agua, educando al respecto y ayudando frente a situaciones de catástrofe. Queremos que la gente nos conozca más allá del conflicto árabe-israelí. El BDS tiene esta parte proactiva del aporte que podemos entregar como comunidad judía y como Israel hacia Chile. Estamos también generando una red de gente que está trabajando y aportando. Es una labor maratónica. Esto no se trata de una carrera de 100 metros planos, sino de una maratón a todo nivel en la que vamos consiguiendo pequeños triunfos. Entre medio, por supuesto, nos equivocamos, pero contamos con un gran equipo de profesionales, así como con mucha voluntad y dedicación.

¿Cómo ha cambiado la forma de trabajar de la CJCh?

– Hace cuatro años estábamos felices y tranquilos. Ahora llegó un tsunami. Ya no existe ese estado de calma. Hay una crisis permanente y eso cambia la forma de trabajar, lo que hace generar permanentes vínculos con autoridades y organizaciones civiles.

Coexistencia

Los estudiantes universitarios se han organizado para combatir el BDS desde la perspectiva del atentado a la libertad de expresión. ¿Está siguiendo la CJCh este mismo lineamiento?

– Esto es una creencia comunitaria, coordinada y pensada en conjunto, y vemos a la FEJ como la CJCh joven. Y esa creencia se llama “coexistencia”; ser proactivos y generar diálogo. Uno hace la paz con el enemigo, y sí, es difícil, pero hay que sentarse a hacerla. Más allá del ruido, hay una postura que es válida y hay que escuchar. Esto tiene que ver con el sentido común. La única posibilidad es conversar de futuro, porque sobre el pasado tenemos demasiadas diferencias. La estrategia es el diálogo y la no censura. Si Arafat pudo con Rabin, ¿cómo en Chile no seremos capaces?

¿Hemos sido laxos, como comunidad en general, en nuestra manera de actuar frente al BDS? ¿Debemos, por ejemplo, movilizarnos públicamente?

– Eso tiene que ver con la cancha donde queremos jugar. A lo largo de nuestra joven historia de 110 años en Chile, no conozco una marcha exitosa de la comunidad. A los palestinos les funciona porque con sólo reunir al 10% ya tienen a 50.000 personas. Nuestra herramienta no es la marcha porque tiene que ver con ir a rechazar algo. La pregunta es ¿qué sacamos con la agresividad, que genera más agresividad? Nuestro juego tiene que ver con la mesura y la ponderación, el sentido común, que son igual de contundentes y que ya se empieza a percibir. Nuestro objetivo no es luchar contra el BDS sino que la comunidad judía pueda vivir en paz, y expresar en forma libre y segura su judaísmo. Yo busco que el BDS no triunfe y la forma es juntándonos con profesores, periodistas, políticos, coordinando, alineando. Por supuesto que muchas veces dan ganas de salir a marchar de forma instintiva, pero hay que evaluar cuál es la mejor estrategia, porque detrás de una marcha hay seguridad, colegios, niños. Nuestro objetivo es ganar la batalla a largo plazo. Creemos en “generar aliados”, y si bien a veces hay que ser categóricos, debemos mantener siempre la buena forma. Esa es nuestra característica como judíos y es lo que nos diferencia muchas veces de nuestros contrincantes.

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