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Donde el prójimo vale como uno mismo

Julio 10, 2016 12:36 am Categoría: Nacional

Ocho voluntarias de la Fundación Dulzura para el Alma, junto a la doctora Marcela Zubieta de la Fundación Nuestros Hijos, realizaron un viaje a Israel para conocer sus avances en tecnología, salud y, valga la redundancia, voluntariado. 

Por Gabriela Arditi Karlik

Las voluntarias de la fundación Dulzura para el Alma inspirándose con distintos modelos de voluntariado en Israel.

Las voluntarias de la fundación Dulzura para el Alma inspirándose con distintos modelos de voluntariado en Israel.

Hace 16 años el marido de Ofra Alkobi tenía sólo una opción para vivir: encontrar un donante de médula ósea compatible, de origen marroquí. Ella inició una campaña de concientización a nivel país, movilizando a la gente para salvar vidas. Si bien Ofra no logró que su pareja sobreviviera, actualmente es la directora del banco de médula ósea del Hospital Hadassah de Jerusalén.Jaguit Ben David donó medula ósea salvando la vida a un desconocido. Jamás se enteró si se trataba de un judío, cristiano o musulmán.

Eva Berry, chilena, es voluntaria de hospitales en el acompañamiento y el cuidado del enfermo tanto médico como social y emocional.

Raika es una mujer beduina, oprimida por su marido, cuya hija de 9 años, quien se sometió a tres trasplantes de medula ósea de su hermano 100% compatible, no logró salir adelante. Sus condiciones de vida en el desierto, en medio de basura, chatarra y arena, fueron menos que adecuadas.

Éstas son algunas de las tremendas personas que las ocho voluntarias de la Fundación Dulzura para el Alma, sumadas a la doctora Marcela Zubieta de la Fundación Nuestros Hijos, tuvieron el privilegio de conocer.

Además de convivir con mujeres cuyos testimonios de vida hacen empequeñecer cualquier problema mundano, el grupo recorrió diversos hospitales -fundamentalmente para interiorizarse de sus unidades de oncología infantil- con el propósito de importar ideas para implementar en nuestro país a través de las fundaciones que representan.

Destacable es la labor del Centro Médico Infantil Schneider de Petaj Tikva y su trabajo para establecer buenas relaciones con la Autoridad Nacional Palestina, recibiendo incluso a profesionales de los territorios ocupados para capacitarse en el centro asistencial. Ahí ningún niño es discriminado para recibir atención médica.

En el Hospital Rambam de Haifa cada unidad se relaciona con ámbitos de la naturaleza; desde animales hasta mar y tierra, empleando diferentes colores. Destacan vitrinas con colecciones de muñecas y una bodega con cientos de juguetes nuevos para edades hasta donde los niños llegan con una doctora o enfermera para elegir el de su preferencia. En el cuarto subterráneo de los estacionamientos, al oprimirse un botón, casi como en un episodio del “Súper Agente 86”, se despliegan instalaciones de emergencia en caso de guerra con capacidad para 2.000 camas.

Pacientes árabes, palestinos, drusos, al ser todos israelíes, son atendidos al igual que cualquier ciudadano.

Atención integral

Entre las fundaciones visitadas por las voluntarias destacan una casa de acogida para familias de niños con cáncer donde a cada una le entregan un pequeño departamento para cuatro personas. La casa en sí tiene una cafetería gratuita, talleres de arte y música, un teatro-cine, una sinagoga y un mini zoológico con más de 40 animales a cargo de un veterinario permanente. Los chicos tienen terapias contra el miedo con culebras y tarántulas. Además, cuando cada paciente regresa al hospital sigue en contacto con su mascota a través de cámaras ubicadas en el zoológico.

También estuvieron en Aleh Negev, en Hofakim, creada en pleno desierto por el capitán general e integrante de la Operación Entebbe, Doron Almog, quien tuvo un hijo con discapacidad; Yad Sara, en Jerusalén, dedicada al préstamo de insumos médicos, desde bastones y sillas de rueda hasta un hospital en casa a costo cero. Si la persona beneficiada tiene la posibilidad, puede hacer una donación al momento de la devolución lo que le prestaron. Esta fundación tiene sucursales en casi todas las ciudades de Israel.

Hatzalah, en tanto, salva vidas en 3 minutos a través de 3.000 voluntarios vía GPS que se movilizan en moto, bicicleta, auto, ambulancia, lancha o a pie. Ellos reciben capacitación paramédica y están preparados en todo momento con sus mochilas, a la espera de un llamado.

immagendestacada-dulzura1Uno de los encuentros emotivos se produjo en Shalva, creada hace casi tres décadas cuando cerca de 200 niños fueron inoculados con una vacuna vencida. Gran parte falleció y otros quedaron con severas discapacidades. Esta fundación recibe a chicos con problemas neurológicos o Down, para que sus padres puedan tomarse unos días, tener vida de pareja u ocuparse de sus otros hijos. Las voluntarias conocieron a Shmuel, el hijo del fundador, quien a sus 30 años, siendo ciego y sordomudo, se comunica sólo a través de la yema de sus dedos, gracias a un intérprete. Shalva recibe hoy en día a 25 niños que pueden pasar la noche y a casi 600 pacientes atendidos por voluntarias judías ortodoxas que realizan servicio social en reemplazo del ejército.

En Ramat Gan las voluntarias conocieron el único jardín infantil para niños con cáncer del mundo. Ahí todo es “limpiable” y está pensado para recibir a pequeños con quimioterapia.

Marcela Zubieta: “Estamos a años luz”

Pediatra infectóloga de niños con cáncer del hospital Exequiel González Cortés, vicepresidenta y directora de la Fundación Nuestros Hijos, miembro del directorio de Chilehood Cancer International.

“Yo quería conocer Israel por su cultura, su historia, lo cristiano. Siempre he admirado al pueblo judío por su pasado y todo lo que ha logrado. Aquí se me abrió una gran oportunidad. No me imaginaba que fuera un país tan desarrollado, así que me sorprendí gratamente. Me sentí muy tranquila. Jamás en riesgo. Conocer todos los lugares santos fue fantástico. Es un país pequeño pero muy rico culturalmente, con un muy buen nivel socioeconómico, donde las cosas se hacen muy bien.

De todas las mujeres que conocimos aprendí algo. Para mí, la más interesante fue la corresponsal de Radio Cooperativa, Jana Beris; apasionante escucharla. Después, aquella maravillosa mujer que tratando de salvar a su marido hizo una campaña para conseguir donantes de médula ósea, y también la donante de la hija de Dalia. Ella, a pesar de tener problemas económicos, no tuvo duda en ponerse al servicio de alguien en forma desinteresada.

Respecto al sistema de salud, siento que en Chile tenemos un programa estupendo en cáncer, que está en el AUGE. Sí me gustó de Israel que los sistemas previsionales privados no tienen fines de lucro. En vez de imponer un 7%, los trabajadores imponen un 4% y tienen una muy buena cobertura. Segundo, la infraestructura de los hospitales es fantástica. Conocimos unos centros médicos increíbles, modernos, centrados de verdad en el paciente y la familia, haciendo que la vida sea sostenible, disminuyendo el impacto que tiene la enfermedad. En infraestructura de hospitales públicos, estamos a años luz, más que nada porque Israel tiene una serie de servicios adicionales al paciente que no se dan normalmente en los hospitales en chile. Por ejemplo, hay un hospital que tiene un hotel, un centro comercial, todos cuentan con muy buenos espacios, jardines, la decoración está adaptada para los niños, les preparan un mundo de fantasía para que no se sientan tan intimidados con el mundo hospitalario, les entregan los medicamentos en un ambiente lúdico y más.

De las fundaciones que visitamos la que más me impresionó es la que se dedica a la rehabilitación; primero porque tiene una infraestructura de sueño. Permite, además, que la familia pueda descansar en ellos, en el sentido que a pesar que los niños son muy limitados, los integran con gente que no lo es, impactando con esto a la sociedad. Ellos están sembrando. Es un programa increíble con un hospital-casa donde los niños pueden vivir. Creo que no existe en otro país. También me impactó mucho Shalva donde conocimos al hijo del fundador. Pudimos ver cómo ese hombre, con las manos y un traductor, puede comunicarse a pesar de sus limitaciones. Es culto, tiene una vida plena, conocía de chile los vinos, sabe de política internacional.

En la fundación que presta equipos médicos re recibe un anfitrión on line que te va contando de qué se trata cada espacio que visitas, en forma muy didáctica.

Respecto al voluntariado, me sorprendió que quienes no pueden hacer el servicio militar realizan tres años de labor comunitaria. Eso abre una posibilidad inmensa de voluntarios profesionales y da un empuje increíble a las ONG.

En todas las fundaciones las voluntarias hicimos una contribución económica.

Quiero destacar también que en Israel no hay discriminación ni social, ni política, ni étnica, ni religiosa. En todos los hospitales vi musulmanes, palestinos, una preocupación desde el lado israelí por traer y estar dispuestos a recibir pacientes de todos lados. Una generosidad por ayudar al otro y compartir sus conocimientos.

Algo que me llamó mucho la atención en todos los lugares que visitamos fue que siempre te alimentan. En todas partes te sientes muy bien recibida”.

– La indicación de Cannabis para uso medicinal y sus beneficios para paliar el dolor o mejorar el apetito en pacientes oncológicos, por ejemplo, no es novedad en Israel. ¿Traen algo en carpeta como Fundación?

– En Chile y el mundo todavía hay controversia sobre el uso de Cannabis, pero ellos tienen una clínica donde la están usando en los enfermos crónicos para disminuir el dolor, mejorar el estado de ánimo y aumentar el apetito. Creo que deberíamos usarlo al menos en los pacientes que están en cuidados paliativos. Se ha confirmado en algunos estudios que tiene un efecto positivo. Me sorprendió que en Israel lo están usando en forma seria. Yo lo presenté en mi hospital y hay algunos médicos que estarían abiertos a usarlo en cuidados paliativos. Se me abrieron muchas ideas con este viaje que pueden ser replicables en Chile.

Claudia Corbella: “El voluntariado en Israel es parte de la cultura”

Socia iniciadora de la Fundación Dulzura para el Alma junto a Dalia Rezepka y Jaqueline Paz, que obtuvo su personalidad jurídica el año pasado, Claudia integró también el grupo de voluntarias que viajó a Israel.

“Las imágenes y postales se ajustan a la imagen preconcebida, aun cuando se van revelando paisajes únicos y grandes contrastes. No me imaginaba el caos de gente y su diversidad, conviviendo en lo que se siente una extraña calma y, a la vez, muy energético y rápido, dependiendo de las ciudades donde la variedad de personas viven en diferentes ritmos y tiempos.

Hicimos un viaje muy marginal, no tradicional, porque nuestro itinerario era ver hospitales, fundaciones, un asentamiento beduino, museos y organizaciones variadas, entonces claramente el turismo fue muy focalizado, intenso y fugaz, con ganas de profundizar.

De las mujeres que conocimos destaco a Eva Berry, una chilena que emigró joven, sola, y consolidó su vida familiar y profesional. Me marcó su testimonio porque ella, en forma independiente, hace voluntariado visitando y llevando falafel a los padres en un hospital. De ese voluntariado nacen grandes vínculos, y Eva transmite cuán importante es dar, entregar, compartir, hacer algo por otro que lo necesita, sin esperar nada a cambio, sin esperar que te llamen de la“gran liga del voluntariado mundial”, simplemente haciéndolo y activando una cadena. ¡Eva es lo máximo!

Sin ser una experta en salud, uno puede darse cuenta que Israel tiene un sistema de salud de excelencia mundial; por la medicina misma, la infraestructura, la investigación, los procesos, la organización y, lo más importante, la gratuidad para cualquier ciudadano Israelí, independiente de su etnia o religión.En Chile tenemos que trabajar para que exista también salud de excelencia gratis para todos los chilenos.

Me llamó la atención lo segmentado y bien especializado de cada hospital. Cada uno es fuerte y líder en algún área específica, dentro de su generalidad. Tienen mucho énfasis en que sean lugares vivibles, con espacios recreacionales, colores, arte, pianos, y todo impecable, muy cuidado. Igualmente, se preocupan que en cada hospital haya gran diversidad tanto profesional como a nivel de pacientes, con mucho cuidado y soporte a las familias. Todos los hospitales que visitamos, que pertenecen al sistema de salud pública de Israel, ofrecen salud para los que están enfermos sin importar ni su raza, ni su religión, y así es y lo ves en cada uno de ellos.

Las fundaciones en Israel son un mundo aparte, porque uno espera grandes hospitales de la mano de universidades, pero no espera fundaciones/organizaciones de tales magnitudes y con voluntariados de 6.000 personas. Son redes de apoyo llevadas a la excelencia. Piensan en todo y lo más inspirador es que todas nacen de una historia personal. Es fascinante cómo la voluntad, solidaridad, un sueño por algo, se materializan y transformanen estas tremendas fundaciones. Una es tanto más sorprendente que la otra en cómo van complementando y dando soporte a la idea primaria que las motivó, haciéndolas crecer en beneficio de la sociedad. Para mí fueron todas tremendamente inspiradoras.

Bueno; el voluntariado en Israel es parte de la cultura, es algo que todos hacen desde temprana edad. Diría que es parte de la base de la formación del Estado de Israel. Todos son voluntarios. Es educacional, cultural, idiosincrasia. Una maravilla.

Un proyecto concreto y en práctica que tenemos es motivar y alentar el voluntariado en nuestra Fundación y en el país, como un deber en nuestro rol/comunidad.Luego, implementar talleres de apoyo a través de actividades ocupacionales como arte-terapia, fotos padres e hijos, y coach de contención para los padres que les toca pasar por una enfermedad, quedan muy vulnerables al centrar toda la fuerza y energía en sus hijos enfermos. También ampliar nuestros actuales proyectos de mejoras hospitalarias, visitas semanales al Hospital Luis Calvo Mackenna, el viaje a Disney donde va un grupo de niños recuperados y en terapia de su tratamiento oncológico, y varios otros proyectos que estamos definiendo”.

Marcela Peña: “El sistema de voluntariado israelí debería ser replicada por todos”

Esta voluntaria de la Fundación Dulzura para el Alma “iba con muchas ilusiones de conocer tierras tan lejanas, y con un valor histórico y religioso muy importante para mí. No tenía mucha idea de lo que iba a encontrar, pero sin lugar a dudas me encontré con un pueblo moderno que combina su historia y su diario vivir de forma armónica, y sobre todo una nación con mucha gente joven, solidaria y profundamente orgullosa de sus orígenes.

Dentro de los lugares y personas que conocí, ocupa un lugar muy importante una mujer que, falta de todo interés y guiada sólo por su deseo de ayudar a su prójimo, participa de una campaña dirigida a eventuales donantes de médula, y después de tres años se da cuenta que con ese simple gesto ahora estaba en condiciones de salvar una vida. La falta de egoísmo y la generosidad que tuvo esta mujer menudita, hoy madre de tres hermosos hijos, es para mí la muestra del valor que toman nuestras decisiones frente al valor de una vida. Realmente un ejemplo para no olvidar.

El sistema de salud israelí es un tema aparte; desde el diagnóstico hasta el tratamiento y la recuperación o mantención de un enfermo, cuentan con la participación de toda la sociedad. Sin considerar que la salud es totalmente gratis para todos los ciudadanos israelíes, el sistema completo está en la misión de no perder ni una sola vida por falta de atención. Desde la unidades pediátricas, que cuentan con toda la infraestructura para acoger a los bebés y sus padres, pensadas para hacer más amigable la estadía de los enfermos en el hospital, las necesidades que pueden existir y que se extienden al grupo familiar, y que son también cubiertas con mucha atención por los profesionales a cargo. Pienso que nuestro sistema de salud está en deuda con la sociedad chilena, pero también es necesario que nuestra sociedad se involucre de forma generosa y voluntaria en la tarea de entregar todo el apoyo necesario para que nuestros pacientes se rehabiliten y consigan las donaciones, no en dinero, pero sí en tiempo, terapias de sanación, ayuda aún en las situaciones domésticas y, sobre todo, en la donación de órganos.

De todas las fundaciones que visité, la que mayor admiración me causó fue la de Doron Almod, que va en ayuda de aquellos ciudadanos que sufren patologías severas como parálisis cerebral, autismo, síndrome de Down o algo tan terrible como aquellas personas sanas que por un accidente se convirtieron en discapacitadas y necesitan rehabilitación.

El sistema de voluntariado es una experiencia que todos debiéramos replicar y que tan bien conocen en Israel. Hay tantas formas en que los ciudadanos de un país pueden ayudar; sólo basta el deseo de ir en ayuda de quienes necesitan una mano. No importa si son enfermos, ancianos, niños o simplemente familias que se desarticulan por contar dentro de sus integrantes con un enfermo que requiere mucha atención.

Creo que es de vital importancia transmitir lo que realmente se vive en los hospitales y servicios sociales que existen en Israel. No se hace dentro de estos organismos ningún tipo de diferencia al atender a un paciente, ya sea judío, palestino, musulmán, beduino o de la nacionalidad o religión que sea. De hecho, mientras estuvimos allá tuvimos la posibilidad de visitar a una chilena que estuvo entre las víctimas de un atentado. Ella sufrió serias quemaduras en su rostro y cuerpo, y mientras era atendida en un área del hospital, un piso más abajo estaba siendo atendido su victimario. Realmente increíble.

Dentro de las muchas sorpresas que me tocó vivenciar, está la del uso de marihuana, en diferentes formas y para diversos síntomas. Mientras en Chile todavía se discute su legalidad, en Israel ya se maneja su uso bajo prescripción médica, y de forma tan normal que los pacientes pueden ir a comprarla al hospital, a una tienda acondicionada para esto, o proceder a su uso dentro de las mismas instalaciones del hospital y con supervisión médica.

¿Proyectos para nuestra obra? ¡Muchos! Sólo que se necesita implementarlos con mucho cuidado, tratando de optimizar los pocos recursos con que cuenta nuestra Fundación Dulzura para el Alma. Mientras tanto, continuar con muchas ganas entregando la mejor de las dulzuras a los padres de niños que están siendo atendidos en el Hospital Luis Calvo Mackenna.

 

 

 

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