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Desarrollo tecnológico israelí permite recargar la batería en cualquier lugar y momento

Se acercan el final de los cargadores de baterías, de la espera hasta que la carga sea al menos suficiente, del enredo de cables, del olvido del cargador en casa, del olvido de cuál es el cargador de cada aparato.

Hace algunos años, un amigo de Omri Lachman y Asaf Elssibony necesitó un implante médico para tratarse las lesiones producidas en un incidente militar. El aparato a implantar le aseguraría una vida sin dolor, pero su batería era de corta vida e implicaba frecuentes y riesgosas visitas al quirófano para su reemplazo.

Dadas las experiencias previas en la industria de recarga inalámbrica de baterías, Lachman y Elssibony proyectaron una solución al problema de su amigo herido y fundaron el emprendimiento Humavox (“vox” es el griego para electricidad). Con el tiempo lograron establecer las bases para una tecnología, y su comercialización, de transferencia inalámbrica de carga hacia las baterías de aparatos relativamente pequeños como relojes, reproductores de música, herramientas de mano, sensores médicos, entre toda una constelación de aplicaciones.

Aunque el tema no era novedoso, las soluciones alcanzadas por varias compañías en el mundo no eran aplicables a la vida diaria, por lo menos no de manera sencilla. Lo innovador en Humavox se basa en convertir en cargadores inalámbricos los sitios donde dejamos reposando nuestros aparatos mientras no los usamos.

Mediante el uso de un transmisor miniaturizado que envía electricidad sin cables, por medio de un campo corto de radio frecuencia, casi cualquier “contenedor” -ya sea una bandeja, un bolso, etc.- puede convertirse en un cargador de baterías. Por la corta distancia en la que se encuentran el aparato a cargar y el transmisor respectivo, esta carga no implica riesgos para la salud. El hardware de esta propuesta viene acompañado por un software y logaritmos exclusivos que hacen que la recarga sea inteligente y elimina por completo la supervisión por parte del usuario, requerida actualmente en la recarga de baterías.

Según el fabricante: recargar será tan sencillo como introducir una moneda en una alcancía, “soltar y recargar”.

Es fácil prever entonces que en un futuro cercano los basureros de aparatos electrónicos ya no estarán abarrotados de toneladas de cargadores de baterías desechados y su impacto en la naturaleza se reducirá. Al mismo tiempo, ya no habrá justificación alguna para lidiar en nuestros hogares, oficinas e industrias con esa Torre de Babel en la que se convirtieron los cargadores de los múltiples aparatos que acompañan nuestra vida productiva y de ocio.

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