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Carolina Fernández Gobuloff:“Dije que sí para que mi papá no sufriera”

Febrero 12, 2017 6:30 pm Categoría: Comunidad, Salud

– Réshet implementó una campaña de recaudación de fondos para que esta periodista de 34 años pueda someterse a un trasplante de corazón.

 Por Gabriela Arditi Karlik 

immagendestacada-carolinaAtresia tricúspide. Es el nombre de la malformación congénita que la llevó por primera vez al quirófano a los cuatro meses de nacida y luego a los cuatro años de edad. Esta última intervención, llamada Operación de Fontan, podría haber eliminado o mejorado la cianosis (coloración azul de los labios, así como dedos de manos y pies), pero sin un ventrículo derecho que funciona normalmente, el órgano tampoco trabaja como uno con dos bombas.

Aun así, aquel procedimiento quirúrgico sería supuestamente el definitivo para corregir su cardiopatía que, en términos simples, significa que la válvula tricúspide del corazón no se desarrolla normalmente. Esto obstruye el flujo de sangre desde la aurícula derecha al ventrículo derecho.

Se estima que cinco de cada 100.000 nacidos vivos la padecen. Carolina Fernández Gobuloff (34, periodista) es uno de ellos.

“Me operaron en Buenos Aires porque en Chile no se hacía. Lamentablemente, como la técnica era nueva en ese entonces, no se tenía conciencia de cuánto íbamos a vivir los niños con este problema”, relata Carolina.

Se estima que cinco de cada 100.000 nacidos vivos padecen atresia tricúspide.

Controlándose una vez al año, su vida fue absolutamente normal. Sólo le estaban prohibidas las competencias deportivas de alto rendimiento y fumar.

“Me cargaba educación física, así que siempre llevaba justificativos”, confiesa sonriendo en complicidad con su madre.

Quisquillosa en relación a la comida y con no el mejor de los humores, Fanny Gobuloff cuenta que su hija fue sobreprotegida desde el nacimiento. “La nana le embutía una cuchara de comida junto con un trago de Coca-Cola y hasta hoy en la casa de preparan dos menús porque no come ni cazuela ni legumbres, por ejemplo. Además, al ser la menor de cuatro hermanas, su padre la trata como si fuera un bebé. Siempre la hemos consentido en exceso y estamos encima hasta en su respiración”, dice.

Para compensar la balanza destaca entre sus cualidades el ser directa, buena hija, hermana y tía. “Sus seis sobrinos la aman”, destaca, enfatizando que la vida de Carolina no ha sido precisamente grata. “Nació de ocho meses, muy flaca, a las 23:15, por cesárea. No la vi. Al día siguiente el pediatra nos dijo que venía con problemas al corazón, pero había que esperar a que llegara a los cuatro kilos para ingresarla a pabellón. No pudo caminar hasta los cuatro años porque se ponía morada. Y ahí fue cuando viajamos a Buenos Aires donde después de una operación de 12 horas tuvimos que quedarnos durante dos meses. Cuando era pequeña Carolina veía un delantal blanco y gritaba. Hemos pasado buenas y malas”, resume Fanny.

La única opción

Esta familia aglutinada cuyos padres cumplen 50 años de matrimonio el 12 de marzo, anduvo bien hasta 2009 cuando Carolina presentó un episodio de arritmia. “Pensé que era una crisis de pánico. Durante 36 horas estuve con 280 pulsaciones por minuto hasta que empecé a vomitar cada tres minutos. Ahí recién fui a la clínica”, indica.

Estabilizada con medicamentos, a los pocos hizo un nuevo episodio que no pasó a mayores hasta 2015. “Viajé a Israel por dos meses y me sentí mal. No sentía arritmia pero sí cansancio al caminar. Ya de vuelta en Chile un día no tuve fuerzas ni para levantarme de la cama. Dormí todo el fin de semana y el lunes fui al médico. Tenía una anemia tremenda, lo cual implicó internarme dos días. Se me desequilibró todo el cuerpo, y se descompensaron el corazón y el hígado. El jefe de Trasplante de la UC me dijo lo siguiente: si falla el hígado no te puedes operar; si te operas hay que ponerte un marcapasos, y si no funciona te puedes morir. Mi papá estaba a mi lado”, cuenta con rabia.

Un día no tuve fuerzas ni para levantarme de la cama. Tenía una anemia tremenda”.

Su médico de cabecera advirtió que la única alternativa era un trasplante de corazón. Y Carolina dijo “no. No quería pasar por lo que pasé, estoy pasando y voy a pasar; el estrés de la llamada, lo que hay que hacer, la operación. Todos me trataban de egoísta y nadie comprendía mis sentimientos”.

Fue una conversación con su padre lo que la hizo cambiar de opinión, simplemente para que él dejara de sufrir.

Danza de millones

Lo primero en surgir fue el tema del presupuesto. Carolina pertenece a FONASA y podría haber ingresado al sistema AUGE para optar a un trasplante, por el hecho de tener una patología congénita, hasta los 15 años de edad. Sin embargo, en aquel entonces no existía dicha garantía.

Tanto su cardiólogo como su cirujano trabajan en la Clínica Las Condes. Como el padre de Carolina conoce al doctor Cristián Baeza, jefe del Departamento de Cirugía Cardiovascular de la CLC, les entregaron un arancel FONASA de 104 millones, mientras en la UC ascendió casi al doble. Esto sin considerar imprevistos o el tratamiento posterior.

El hígado y el útero de Carolina ya están dañados. Otros órganos también podrían comenzar a fallar. Sin embargo, al no necesitar soporte externo para vivir no es prioridad nacional para la intervención. A pesar de todo, está en condiciones de esperar el mejor corazón posible.

“Me da pudor la difusión del video de Réshet. Me da vergüenza pedir ayuda, plata, nada. Soy absolutamente autosuficiente. Para mí ha sido un proceso largo entender que no todos quienes se acercan lo hacen por lástima”, sostiene Carolina.

Ha sido un proceso largo entender que no todos quienes se acercan lo hacen por lástima”.

Aclara que “no le puedo tener miedo a la muerte si no sé qué habrá más allá. Le tengo miedo a todo lo que no puedo controlar, como lo que pasará con la gente que quiero y los que queden acá. ¡Ah! Y a los temblores. Le tengo más miedo a la recuperación que al trasplante. Cada uno tiene que vivir lo que le toca. No es que no quiera a mi familia, pero siento que me obligó a aceptar el trasplante y cuando dije que sí lo hice por mi papá; para que no sufriera. Él se sentó a mi lado y me dijo que si moría se tiraría conmigo a la tumba”.

Carolina vislumbra su futuro viajando; lo que más disfruta de la vida, y entre sus destinos prioritarios está el sudeste asiático, “absolutamente descartado por los bichos y los inmunosupresores”, ríe.

Ella y su familia esperan lograr con éxito este desafío, así como reunir los fondos necesarios para financiarlo.

Si quieres unirte a la campaña “Un corazón para Carolina” puedes hacer tu aporte en:

immagendestacada-carolina1RED SOCIAL DE AYUDA COMUNITARIA RESHET

RUT: 65.026.229-8

BANCO DE CHILE

CTA. CTE: 190-07205-09

CONTACTO@RESHET.CL

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